Con una letra tan minúscula que hace falta una lupa para leerla, el relato inacabado de los desheredados nietos de un héroe de la guerra de independencia, podría ser la novela que no quiso escribir el padre de todos los cuentos.
El texto -que se calcula fue escrito en 1950 y que está en manos del "Harry Ransom Center for the Humanities", de la Universidad de Austin (Tejas, EE UU)- formará parte de una edición de lujo que saldrá el 25 de mayo, según informó el portal del diario español El País.
Se imprimirán un total de 100 ejemplares, que incluyen un facsímil del manuscrito, su transcripción, fotografías y una serie de dibujos de Carlos Alonso inspirados en el relato.
A cargo del Centro de Editores, el proyecto ha contado con la colaboración de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges. "Hemos querido conmemorar así el Bicentenario de la Revolución de Mayo Argentina", apunta su editor, Claudio Pérez Míguez.
El crítico y profesor de la Universidad de Brown, Julio Ortega, fue quien descubrió el texto en lo que él califica como su "peregrinaje por la pasión borgeana" al indicar que "todo lector de Borges busca las fuentes, las primeras ediciones, los manuscritos".
"Reconocí la letra, que en este manuscrito revela el progreso de su ceguera. El texto de El Aleph, que está en la Biblioteca Nacional de Madrid, es mucho más legible que este", aseguró.
El relato inacabado de Borges comienza así: "Hacia 1905, la cancel de hierro forjado había cedido su lugar a una puerta de madera y cristales y bajo el llamador de bronce había un timbre eléctrico, ahora, pero en general la casa de los Rivero (...) correspondía con suficiente rigor al arquetipo de casa vieja del barrio Sur, y el espectro del coronel Clemente Rivero (que murió, desterrado, en Montevideo, dos meses antes del pronunciamiento de Urquiza) lo habría identificado sin mayor dificultad".
Para Ortega, Borges abandonó Los Rivero cuando se dio cuenta de que no era un cuento sino una novela que le exigía extenderse y estimó que descreído de un género del que huía y renegaba, dejó de lado su relato.
Llueve sapos en todos los aljibes
Rompen las gotas en el tambor del techo
Es la lluvia que crepita
Es encierro el barro que devora
Llueve magnolias secas
Un diluvio sagrado llegó como condena
Llueve ángeles y lápidas y espadas
Llueve donde nada llueve
Se hunde la tierra en la tormenta
Un vientre de niño la somete como nube
Agita sus piernitas de manteca
Muerde sus deditos de leche
Y suelta la risa inocente
Que hasta al huraño sol despierta
Abril nos libra de un cielo mutilado
Ese nombre apocado que sin culpa ríe