Una narración del devenir del arte y la política de la Argentina a través de un único pintor. Pavada de objetivo se trazaron y lograron los curadores :Roberto Amigo, Martha Nanni y el director del Museo Nacional de Bellas Artes Guillermo Alonso con la retrospectiva dedicada a Antonio Berni (1905-1981) que esa institución inauguró ayer.
Entre las 300 personas que deambulaban frente a 31 de las obras más representativas del artista rosarino, realizadas entre 1931 y 1981, estaban la artista plástica Marta Minujín, el ministro de Cultura porteño Hernán Lombardi y Silvia Fajre del Comité de Selección de Bellas Artes. La muestra es la segunda de las tres exposiciones que el museo eligió para conmemorar el Bicentenario nacional y la única exposición individual.
La retrospectiva que pone en marcha el convenio entre Bellas Artes y el Citi, sponsor privado del museo nacional, reúne piezas del propio museo, del Sívori (de la Ciudad), de colecciones privadas, del Museo de Arte Moderno y del MALBA que posee trabajos emblemáticos del artista como Manifestación (1934) y La mujer del sweater rojo (1935).
Los títulos de las obras como Desocupados (1934), Primeros pasos (1936) y Marcha de los cosecheros (1953), que retrata las migraciones del campo a la ciudad por la industrialización peronista; hasta un óleo sin título de 1981 que aludiría a los vuelos de la muerte durante la última dictadura reflejan los cambios sociales y las fracturas irreversibles del país en el siglo pasado. Retratan también la evolución pictórica de Berni que se inició en el fauvismo, viró al surrealismo metafísico, trabajó con Siqueiros e hizo escuela en el realismo. Para el curador, Berni es el mejor interlocutor del imaginario peronista.
La retrospectiva reproduce la lógica narrativa que puede leerse en los cuadros de uno de los pintores argentinos mejor cotizados en el mercado internacional. Pocos salen indemnes de esa apuesta y por esa razón, Roberto Amigo, festeja en el catálogo de la muestra "la conciencia (de Berni) de la fortaleza de las imágenes para intervenir en la historia e impedir ser devorado por ella".
Una celda diminuta cuida de mis ojos
Una prisión de filosos barrotes
Salvaje los corta en mitades de mitades
En otros tantos ojos
Miran como por la luz de una puerta
Espían al mundo nuevo
Un universo delgado
Un universo parcial
Se ven como una sucesión de detalles
Son tan leves
Tan vulnerables
Como cuadros de celuloide a punto de inflamarse
La tibieza blanca de una claridad los ciega
No se oye en esta celda música que ampare
Sólo cuelgan pinturas deformes
Abominables fragmentos de un cuadro que atormenta
Más allá de estos dedos que cubren mi cara
Todo lo demás es realidad que aterra