Yo soy la creación del creador. Soy el último deseo. Llevo en mi nombre la condena del saber. Habito en el espeso vacío que ninguna estación del tiempo puede abrigar. Ahora sólo queda el peso de mi sombra, ese manto que cae sobre la conciencia. Para que no pudiera ver han quemado mis ojos. Por temor a cualquier castigo han mutilado mis manos. Hoy soy el acusado. Cargan sobre mí todas las culpas como si fuera peste. Juran que soy el hacedor de todos los abandonos. Estúpidos. Jamás he salido de este encierro. Todo aquí es invierno y no hay nadie que se acerque a este desterrado. Algún falso poeta lo intentó con versos inútiles: Si no es profano el verso es nada, Con el puño hereje escribe un poema, Cae el cuerpo desmembrado del poeta, Fiel a su destino de hoguera. No se puede ver a Dios y vivir. No soy más que una creación abominable del creador, ese hombre insignificante y temeroso que escribe.
Dios
Frágiles muros sofocan a este estanque
Muros con la fuerza del engaño
Muros tras muros como piel de una cebolla
Muros de tierra devastada
Brotaron como arrullo de niño
Quisieron sed y quisieron hambre
Hallaron agua verde bajo el barro
Barro como cáscara de agua
Golpea el agua contra las débiles paredes
Golpea como el martillo al cincel
Ya han madurado las últimas esmeraldas
Caerán con los años los muros uno a uno
Muros de papel muros de miedo
Muros de lágrimas
Muros de cebolla