Yo soy la creación del creador. Soy el último deseo. Llevo en mi nombre la condena del saber. Habito en el espeso vacío que ninguna estación del tiempo puede abrigar. Ahora sólo queda el peso de mi sombra, ese manto que cae sobre la conciencia. Para que no pudiera ver han quemado mis ojos. Por temor a cualquier castigo han mutilado mis manos. Hoy soy el acusado. Cargan sobre mí todas las culpas como si fuera peste. Juran que soy el hacedor de todos los abandonos. Estúpidos. Jamás he salido de este encierro. Todo aquí es invierno y no hay nadie que se acerque a este desterrado. Algún falso poeta lo intentó con versos inútiles: Si no es profano el verso es nada, Con el puño hereje escribe un poema, Cae el cuerpo desmembrado del poeta, Fiel a su destino de hoguera. No se puede ver a Dios y vivir. No soy más que una creación abominable del creador, ese hombre insignificante y temeroso que escribe.
Dios
Fuego que devoras fuego
Por qué juegas a morder tu cola
Arde tu lomo sobre la hierba mustia
Qué imposible amor te quita el sueño
Fuego que devoras hombres
Hombres que ladran sin hambre
Por qué lames el hueso del deseo si no piensas devorarlo
Por qué te alimentas del fracaso
Queda un árbol en la tierra devastada
Último refugio de fieras famélicas
Arca de Noé en el desierto
Un mar en llamas avanza hasta su tallo
De esa agua beberá y será mágica pócima
Cuando las lenguas lo tiñan de hollín
Cuando sin hambre ladre