Lo que suele ocurrir con las puestas teatrales es que, cuando bajan de cartel, se desvanecen. Como antídoto, surgió este libro de 144 páginas que no sólo recuperan la historia de un chico que quiere llegar a la luna para buscar a su amor, sino también el proceso de creación material de la puesta en escena.
Bellamente impreso y diseñado, el libro rescata además a dos creadores en sus facetas menos conocidas: Rovner como autor de una obra de títeres dirigida al público infantil; Noé como encargado de la concepción plástica de la escenografía y el diseño de los muñecos.
Así, entonces, abrir este volumen es como correr el telón y asomarse a mirar entre bambalinas. Este libro-objeto permite asistir imaginariamente a la función a aquellos chicos y grandes que no pudieron verla mientras que, quienes la presenciaron, pueden disfrutar de la historia una vez más.
El viernes 1º de mayo a las 19 hs, en la sala Jorge Luis Borges de la Feria del Libro, se llevará a cabo la presentación de Teodoro y la luna, el libro recientemente lanzado por De la Flor, escrito por Eduardo Rovner e ilustrado por el artista plástico Luis Felipe Noé -quien hizo el diseño de los títeres y la concepción de la escenografía- y fotos de la puesta, dirigida por Adelaida Mangani, directora del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín.
Durante la presentación podrán verse fragmentos de Teodoro y la luna a cargo del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín, luego de lo cual se desarrollará una charla entre Adelaida Mangani, Rovner y Noé.
Tanto va la partícula al uranio que al final se parte como un óvulo
La razón es inmutable hasta que la voz
cava una herida
Ya no hay corazón que la pena rompa
Por cualquier tormento el alma estalla
Tanto va el alma al cuerpo que al final
se quiebra como un cántaro
Se quiebra en partes que otra vez se quiebran
Al azar golpean contra el núcleo que corrompen
Hasta que el cuerpo flagelado no es más cuerpo
Todo comienza con un núcleo que se parte
Un corazón que se deshace a golpes
Un átomo de uranio
Y la tierra es espejo donde se mira el hombre
Un terreno baldío que sin leña arde
Un corazón frío que no late