Viajero, debes partir
A la aurora, enjuga tus pies sobre
La humedad de nariz perruna de la tierra
Deja que la aurora sosiegue tus lámparas. Y mira
Languidecer el ataque de las espinas ante la luz
Pies algodonosos para disolver en el azadón
Las lombrices tempranas
Ahora las sombras se extienden con debilidad
Ni muerte de la aurora ni triste postración
Esta suave charamusca, suaves engendros que desisten
Rápidos goces y recelos para un
Día desnudo. Barcos cargados se
Someten a la asamblea sin rostro de la niebla
Para despertar los mercados silenciosos -Veloces, mudas
Procesiones por grises desvíos... Sobre este
Cobertor, hubo
Súbito invierno a la muerte
Del solitario trompetero de la aurora. Cascadas
De blancos pedazos de pluma... pero ello decidió
Un rito banal. Conciliación salvajemente
Exitosa, primero
El pie derecho para el júbilo, el izquierdo para el pavor
Y la madre suplicaba, Hijo
Jamás camines
Cuando el camino aguarda, hambriento.
Viajero, debes proseguir
Al alba.
Te prometo prodigios de la santa hora
Presagios como el aleteo del gallo blanco
Perverso empalamiento -Como quien desafiara
Las iracundas alas del progreso del hombre...
Más, ¡semejante espectro! Hermano
Mudo en el sobresaltado abrazo de
Tu invención -Esta mueca de burla
Esta contorsión cerrada - ¿Soy yo?
Muerte a la aurora, Wole Soyinka
Qué será del mustio olor a ser vivo
Qué será del reloj que siempre vuelve a su cuenta
Estas manos no son manos
Y el aire es una tregua entre la arena que cae
Un tiempo muerto antes del despertar
Una muralla de voces me mantiene en alerta
Voces que gritan y voces que callan
Alaridos que desgarran hasta las fauces de los leones
Silencios oscuros y pesados como hormigas
Si somos tierra que vuelve a la tierra
Para qué el tiempo muerto
Esta arena detenida entre tanta urgencia
Este aire vacío de tormento
Qué será del mustio olor a ser vivo
Este reloj vuelve a contar las horas como espadas
Como si no hubiera sangre en el cristal de esta celda
Como si nadie viera que el rojo hilo
llega hasta la arena
Una y otra vez