Plegada la blanca cortina,
ella camina, dos pasos, y se vuelve,
quieta la cortina, la luz
titubea en sus ojos.
Doradas lámparas.
La tarde asiente, silente.
Ella danza en mi vida.
Blanco arde el día.
París, Harold Pinter
Regresarás silencio
Con tu hondura de aire helado
No por finitud de un abismo
Te ausentarás
Volverás al grito último
A la miserable cuerda
Y repetirás las voces
Otras voces y otras veces
Volverás
Retumbarás de miedo
Serás cárcel de esa lengua
Repetirás conmigo
Una dos veces y trescientas
Hablarás
Te vengarás del odio
—Maldita la muerte propia—
Murmurarás de pena
Dos oscuros Padrenuestros
Tres o cuatro maldiciones
Callarás
Aprendí a quererte a muerte lenta
Ahora es tarde
La noche está golpeando enfurecida.