Plegada la blanca cortina,
ella camina, dos pasos, y se vuelve,
quieta la cortina, la luz
titubea en sus ojos.
Doradas lámparas.
La tarde asiente, silente.
Ella danza en mi vida.
Blanco arde el día.
París, Harold Pinter
La ausencia lame los huesos del recuerdo
De a pedazos le arranca la carne
Nada que no alimente detiene su paso
Le llevará tiempo limpiar aquellos restos
La lengua los consume
Sin vida brillan
Sin sabor
A un lado descansará la ausencia
Con el hambre saciada
Con el cuerpo pesado
Voraz cerrará los ojos
Ahora mansos que sueñan
Como estos ojos cansados
Que huelen a hueso
Y brillan