Waverley estaba acostumbrado á no tomar vino más que con la mayor moderación. Así fué que durmió profundamente, despertándose muy tarde; entonces su memoria le recordó la penosa escena de la víspera. Entonces se dió cuenta de que él, caballero, oficial y miembro de la casa de Waverley había sido objeto de una afrenta personal. Es cierto que el que le había insultado se encontraba ebrio, oscurecida la escasa razón que le había dado el cielo; es verdad que, desafiándole, violaría las leyes divinas y humanas; quizás iba á quitar la vida á un joven que tal vez cumplía con sus deberes sociales, llevando desolación al seno de una familia.
-Podía, por su parte, ser víctima del duelo. Esta alternativa, examinada en la soledad y á sangre fría, no tiene nada de agradable, ni siquiera para el más valiente.
Waverley o Hace sesenta años (fragmento), Sir Walter Scott
La ortografía del texto responde a la época.
Novelista, poeta, historiador y biógrafo escocés. La novela histórica romántica tiene en Walter Scott a su primer y más influyente representante. Hijo de un abogado, desde su infancia se sintió fascinado por las leyendas y los episodios históricos, preferentemente medievales, de su tierra natal escocesa, que posteriormente constituirían el tema principal de muchos de sus poemas y novelas. Licenciado en derecho, sus primeros pasos en la literatura los dio como traductor, vertiendo al inglés obras como Lenore, de Gottfried A. Bürger y Götz de Berlichingen, de Goethe. La publicación, entre 1802 y 1803, de la recopilación de baladas Trovas de la frontera escocesa dio a conocer su nombre al gran público, que también acogió con entusiasmo una serie de largos poemas narrativos entre los que destacan El canto del último trovador y La dama del lago. Su primera novela, Waverley, fue publicada en 1814 y anónimamente como la mayoría de las que le siguieron. Con ella y con las posteriores (El anticuario, Rob Roy, Ivanhoe, El pirata, Quentin Durward, El talismán) estableció los cánones de la novela histórica, tal como ésta iba a desarrollarse hasta bien entrado el siglo XX. La más famosa de las citadas es Ivanhoe (1820), que desarrolla las contradicciones entre los sajones y los normandos en un argumento de aventuras. Uno de los primeros novelistas históricos de importancia dentro de la literatura europea cuyo último tramo de vida sufrió grandes deudas económicas, murió el 21 de septiembre de 1832 en el Reino Unido.
Me queda la sombra que mendiga
La boca dormida
Cada uno de tus tallos
Me quedan todas las espinas
El olor nauseabundo del silencio
La distancia sin memoria
La piel vacía
No quiero el marfil ni la costilla
No quiero el barro que te dio vida
Todo es fugaz
Un amor, un poema
No me des la espalda cuando salgas
Sé más de tus alas que de tus hogueras
Es hora de que empuñes la piedra
Con el beso en la frente