Una gota de sangre en la sal es un repentino silencio, una repulsión atroz, una desilusión interminable. Una gota de sal en la sangre es un grito que nadie escucha, el dolor de esa desilusión, la boca hambrienta de esta soledad. Que nadie busque en mi sangre el primer desvelo, el rayo de ilusión, la ruptura de la espera, la gota de sal. Nada más que un río de abandono corre por mi sangre y nada más correrá cuando muera devorado por las fieras que abren heridas y que abren fuego. Nada habrá en mi sangre porque ya no será mía. Será de todos y será de nadie. Dejará de ser un río que se pierde bajo un manto de piedras afiladas. Seguirá su cauce y caerá al despeñadero donde la sal es río y la sangre es una gota más.
Un perro
Brota una grieta de cemento
Y la calle calla como río seco
Llueve sol a bocanadas
Llueven grises hombres grises
No muere quien nada espera
Letal tiempo y letal breve
Que huyes calle abajo
Y que ahogas la luz ajada de este cuarto
Que la noche no se acuerde de mis ojos
Que las cortinas no vuelvan a ser trincheras
Que mis oídos no hagan caso de mi voz
Que el tiempo no me abrigue de este frío
Que el amor no vuelva a atormentarme