En la otra puerta

El vuelo del elefante

El vuelo del elefante, de Ricardo Cardone

Ricardo Cardone

2021 - Cuento

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La estampida se oyó como un rayo. Una leona con la urgencia del hambre llegó a la costa del río donde una manada de elefantes bebía pacientemente. Fue allí donde empezó la cacería, entre las corridas de los animales y las pocas fuerzas de la leona. Abatida por no poder alcanzarlos volvía sobre sus pasos cuando vio correr a una cría que, con el rumbo perdido, huía de ella. La persecución duró poco a pesar de la distancia. Cruzaron el pastizal seco y llegaron exhaustos a un descampado a la orilla de un río donde dos hombres desayunaban. El pequeño elefante cerró los ojos y con el poco aire que le quedaba alcanzó el canasto del globo. Espantados como la manada, los ocho hombres soltaron las ocho sogas y ya no recuerdan lo que sucedió.

Obras de Ricardo Cardone

  • 2025 - Los olvidados - (Novela)
  • 2024 - Los lados oscuros - (Poesía)
  • 2023 - Las dos criaturas - (Cuentos)
  • 2022 - La rabia - (Novela)
  • 2021 - Cielo de invierno - (Novela)
  • 2021 - El vuelo del elefante - (Cuento)
  • 2020 - De julio a Iván Reyes - (Cuentos)
  • 2019 - De enero a junio - (Poesía)
  • 2018 - La noche en el espejo - (Cuentos)
  • 2017 - La noche por la que muere el día - (Poesía)
  • Un día como hoy en 1991 muere Gabriel Celaya

    18 de abril de 1991

    Muere Gabriel Celaya
    Rafael Múgica Celaya nació en Hernani, España. Mientras estudiaba ingeniería en Madrid conoció a García Lorca y Buñuel, además de otros intelectuales en la Residencia Estudiantil que lo acercaron significativamente a la poesía

    ¿Quién es el autor del poema Santos Vega?

    Danielle Roger

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    Manifiesto para una nueva literatura independiente

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    Por Pablo Paniagua

    El poema de hoy

    La canción desesperada

    Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
    El río anuda al mar su lamento obstinado.

    Abandonado como los muelles en el alba.
    Es la hora de partir, oh abandonado!

    Sobre mi corazón llueven frías corolas.
    Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!

    En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
    De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

    Todo te lo tragaste, como la lejanía.
    Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!

    Era la alegre hora del asalto y el beso.
    La hora del estupor que ardía como un faro.

    Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
    turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!

    En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
    Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

    Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
    Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!

    Hice retroceder la muralla de sombra,
    anduve más allá del deseo y del acto.

    Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
    a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.

    Como un vaso albergaste la infinita ternura,
    y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

    Era la negra, negra soledad de las islas,
    y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

    Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
    Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

    Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
    en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

    Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
    el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.

    Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
    aún los racimos arden picoteados de pájaros.

    Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
    oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

    Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
    en que nos anudamos y nos desesperamos.

    Y la ternura, leve como el agua y la harina.
    Y la palabra apenas comenzada en los labios.

    Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
    y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

    Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
    qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!

    De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
    De pie como un marino en la proa de un barco.

    Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
    Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.

    Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
    descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

    Es la hora de partir, la dura y fría hora
    que la noche sujeta a todo horario.

    El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
    Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

    Abandonado como los muelles en el alba.
    Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

    Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.

    Es la hora de partir. Oh abandonado!

    Pablo Neruda

    Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924)
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