A 15 años de ese 3 de noviembre de 1994, en que partió el poeta Armando Tejada Gómez:
“Ellos están lejos. / Son lo que más amo de la lejanía. /Tienen ese rostro/ de niebla, en la ausencia/ y nombres sonoros/ como campanada/ en aldea dormida”.
A. T. Gómez.
Era abril cuando nace a los veintiún días del año 1929; Era una de esas fechas cuando ya se vislumbra el otoño mendocino, y sus arboledas se tornan generosamente bellas. Allí, en la Medialuna, a orillas del zanjón Guaymallén, nace el hijo antepenúltimo de 24 hermanos de una familia cuyana formada por sus padres Lucas Tejada (tropero) y doña Florencia Gómez. Ese retoño se llamó: Armando Tejada Gómez.
Había nacido un niño que luego pierde a su padre a los cuatro años. Que debe crecer como crecen quienes no tienen posibilidades de parecerse a los que pueden ser niños por condición de clase. Esta realidad, lo lleva a vivir algunos meses con una tía en el campo, quién le enseña las primeras letras en un breviario, siendo esa la única instrucción que recibió, para luego abrevar en los oficios de la calle: lustrador, canillita, obrero de la construcción, boxeador, y por las noches cobijarse al calor de los boliches adquiriendo los sonidos y la esencia del canto popular de los obreros.
A los 15 años puede comprar “El Martín Fierro” que tanto había mirado en una casa de libros, y a partir de ahí no deja de leer casi con desesperación toda clase de literaturas, sabiendo ya de antemano, que debía no pecar de ignorancia de buena tinta como los que mandaban; debía instruirse como ellos si quería desterrar su marginalidad, y la de sus pares. Así lo hizo, a partir de ahí comienza a comprender las luchas sociales, participa en jornadas de protestas populares y aborda la poesía como expresión.
Aunque antes había escrito algunas cosas, desde el año 1954 y con 23 años, empieza a editar sus trabajos: Pachamama, Tonadas en la Piel, Antología de Juan etc. Siendo estas reconocidas y premiadas por los intelectuales de su lugar, dejando atrás la portación de “Negrito de allá atrás…”que comúnmente conlleva el vivir cruzando la línea que divide pobres y acomodados. Luego viene la etapa del político que lo convierte en Diputado Provincial por la UCRI, donde realiza una tarea legislativa que prestigia esa labor, tanto por su coherencia, como por su compromiso a su origen que nunca renunció.
Su inspiración hace que no pare de componer y crear nuevas tendencias hasta llegar a fundar en 1963 el Movimiento del Nuevo Cancionero junto a Oscar Matus, Mercedes Sosa, Eduardo Aragón, Tito Francia y otros, para llegar luego a Buenos Aires y convertirse así, en uno de los poetas, cuyas letras eran grabadas por los grandes artistas, y por otra parte pasa a llevar la palabra de sus poemas a los escenarios del país y del mundo. Fue premiado local e internacionalmente por poesía y literatura. Cuando la dictadura cívico-militar y “patriótica” se hace cargo de la instauración del modelo económico impuesto por el imperio y se confisca a sangre y fuego la posibilidad de pensar, crear, investigar, soñar y ser joven, también sufre prohibiciones, que lo hace determinar irse a España a probar suerte, que indudablemente le llegó, dado que en 1980 su novela “Dios era Olvido”, se premió en Bilbao con un premio muy importante que le permitió – a pesar de su prohibición- presentar su libro por Espasa Calpe en la VI Feria Internacional del Libro en Buenos Aires. En esos años sus publicaciones llevan el nombre de Carlos de Mendoza, para tratar al menos de poder expresar algo sin censura.
Sus libros se agotan, sus canciones recorren el mundo, sigue siendo un referente de la palabra con fundamento en todos los foros del mundo. Su voz resuena en cada espacio o público que lo escucha, lee o canta, como sucede con “Canción Con Todos” que se convierte en Himno Latinoamericano y se traduce en varios idiomas, hasta en Danés.
Ese niño que llegó en aquel abril de dorados atardeceres mendocinos. Que pasó a integrar una de esas familias numerosas, arrinconadas por el desamparo y la postergación, pudo renacer, superarse y pelearle a la vida desde otro lugar, para eso tuvo que encender la llama de la libertad que llevaba adentro y luchar por lo que creía con la transparencia como estandarte.
Ese hombre, ese gigante de la palabra, también uno de esos días en que la vida deja de cobrar en horas la estancia por estos pagos; el día en que los compadres se sintieron huérfanos de esa mano amiga de vino compartido. Ese mismo día, con 63 años y a los tres días de noviembre del año 1994, el poeta Armando Tejada Gómez, se marchó en silencio… dejando para todos su obra impostergable.
Miguel Longarini
Poeta Argentino.
9 de Julio- Pcia de Bs.As
03/11/2007
Por Miguel Longarini
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