En la otra puerta

Mabel Pedrozo. Cuentos excelentes: "Creo que Mabel Pedrozo ha leído mucho al escritor argentino Julio Cortázar"

Mabel Pedrozo. Cuentos excelentes

Mabel Pedrozo viene escribiendo buenos cuentos desde hace mucho tiempo. El libro Las arrugas de la Virgen, editado por Criterio Ediciones, es un texto que recoge cuentos que dan cuenta de su gran talento para la narrativa.

Ellos no se ubican en un lugar especial de nuestro país, pero las comodidades de la época nos hacen pensar que los mismos están instalados en una ciudad. ¿Qué ciudad? No importa.

Los cuentos emergen del espacio artístico y sicológico que la escritora reclama como suyo, porque lo ha creado, mediante su relevante personalidad literaria.

Creo que Mabel Pedrozo ha leído mucho al escritor argentino Julio Cortázar. La muerte está presente como un elemento definidor en sus escritos. Y también están presentes los espejos flotantes que rodean a la muerte: el susto, las apariciones, los fantasmas en sus más diversas formas, y aquel entrevero de vida-muerte o muerte-vida.

Solamente ella sabe cuánto trabajo, cuántos tachones, cuánto pensar y volver a recomponer los pensamientos derrotados en torno a un tema, a una idea, son necesarios para escribir estos cuentos que demuestran la valía de su pluma.

Hay algo de poesía en sus escritos.

Ya lo dije: algo.

Inicialmente Mabel Pedrozo fue poetisa. Y un clavel de su poesía se abre, de cuando en cuando, en algunas frases, para echar un aliento fresco sobre todo cuanto va contando.

Conoce magistralmente el oficio. Por eso este libro suyo entra con naturalidad en la mente del lector. Un lector que debe empezar a reconocer que estamos ante una de las más inspiradas cuentistas del Paraguay. Mejor, la más inspirada.

Me ha gustado mucho aquella historia de la niña paliducha que vive frente a un cementerio y juega con las pequeñas difuntas del sitio. Observé cómo fue sacando con naturalidad, como quien no quiere la cosa, ese personaje misterioso (todo un hallazgo) y lo metió en la otra "vida" de quienes ya están en el páramo. O más allá de la línea que divide a quienes existen y no existen.

Repasé mentalmente el hecho, las circunstancias, y leyendo después otros cuentos de la fantasiosa Mabel Pedrozo, he llegado a la conclusión de que estamos presenciando la maduración de una narradora de alto calibre que sin lugar a dudas honra a las letras paraguayas y también a la literatura latinoamericana.

Su caso, el caso de escribir, coordinar elementos lingüísticos que han nacido torcidos y deben enmendarse, es la pasión de su vida. El prologuista Alejandro Maciel ha utilizado el término "pasión".

La autora de Las arrugas de la Virgen, como toda escritora que se precie de tal, es una buscadora de errores. Todo debe estar pulcro y bien alimentado de ideas, mientras ella se inclina sobre el papel. Supongo que también después de escribir, traslada, a veces, sus personajes, a su almohada.

Me encanta su estilo impecable.

Es admirable esa aproximación suya a la más acabada perfección literaria.

La reiteración de lo que se desprende de la muerte, de lo monstruoso, de la diversidad de cuanto hay de oculto y de misterioso en la vida, nos lleva a regiones aisladas durante el proceso de la lectura.

El armaje, el esqueleto propiamente dicho de sus cuentos, muestra el rigor con que la autora trabaja.

Su lenguaje, creo yo, debería correr con más libertad. Pero esta opinión emitida puede ser un equívoco. A otros lectores les llegará de distinta manera, seguramente, el lenguaje de Mabel Pedrozo.

Hay una circunstancia, no un episodio, que hace que ella sea una mujer que convierte el lenguaje artístico en una ciencia. La ciencia literaria. Grandes escritores avanzaban en sus obras maestras con la crítica más severa de su razón.

Sus cuentos merecen ser publicados dentro de las mejores antologías de la cuentística de Latinoamérica.

El constructor

Cuando el último zócalo azul fue colocado en la rampa que llevaba a la terraza prohibida de la Torre de Babel, Nabucodonosor Segundo tuvo miedo. Y no pudiendo soportar ese sentimiento cuyos peldaños, terrazas, columnas y habitaciones se reproducían dentro de él como la réplica del laberinto que ayudó a construir, pidió a los dioses antiguos que lo protejan. Y se postró. Pero los dioses de piedra, que no perdonaron su traición, desoyeron sus súplicas. Y vengativos, contemplaron con sus ojos engarzados cómo el rey del mundo sucumbía al horror de saberse a merced de otro, del Dios desconocido que afuera, con voz de trueno, maldecía al infiel que en su nombre erigió la torre sacrílega.

Mabel Pedrozo
mabelpedro@hotmail.com

Por Delfina Acosta

Otras notas

Ser escritor: un espejo donde mirarse.

Ser escritor: un espejo donde mirarse.

Por Valeria Sabbag

Miguel Ángel Bustos

Miguel Ángel Bustos

Por Mara Vitas

Vida privada de la tradición

Vida privada de la tradición

Por Juan Villoro

Ignacio Xurxo y Humberto Constantini, dos amigos escritores

Ignacio Xurxo y Humberto Constantini, dos amigos escritores

Por Edgardo Lois

Julio Huasi

Julio Huasi

Por Gabriela Yocco

El papagayo y el anillo de oro: alquimia y chamanismo en ''La isla'' de Luisa M. Levinson

El papagayo y el anillo de oro: alquimia y chamanismo en ''La isla'' de Luisa M. Levinson

Por Lilia Dapaz Strout

Yourcenar

Yourcenar

Por Mario Goloboff

Thomas Mann

Thomas Mann

Por Alfonso Carvajal

Armando Tejada Gómez

Armando Tejada Gómez

Por Miguel Longarini

La vanguardia literaria en América Latina

La vanguardia literaria en América Latina

Por José Luis Giménez Frontín

El destierro de la reina, de Ana Bisignani

El destierro de la reina, de Ana Bisignani

Por María González Rouco

La literatura en tiempos de crisis

La literatura en tiempos de crisis

Por Valeria Sabbag

Manifiesto para una nueva literatura independiente

Manifiesto para una nueva literatura independiente

Por Pablo Paniagua

Una carpeta entre dos poetas

Una carpeta entre dos poetas

Por Edgardo Lois

Cesare Pavese o la guerra más cruel de todas

Cesare Pavese o la guerra más cruel de todas

Por Aquiles Julián

''Otra vuelta de tuerca'' ''Silvia'' como enigma y Gólem de palabras

''Otra vuelta de tuerca'' ''Silvia'' como enigma y Gólem de palabras

Por Lilia Dapaz Strout

"Día gris, hoy te aborrezco"

Por Edgardo Lois

Que lo parió! entre tanta “mierda”, se nos fue el Negro Fontanarrosa

Que lo parió! entre tanta “mierda”, se nos fue el Negro Fontanarrosa

Por Miguel Longarini

Sociedad & literatura

Sociedad & literatura

Por Delfina Acosta

¿Qué es la literatura indie?

¿Qué es la literatura indie?

Por Pablo Paniagua

El conde Lucanor

El conde Lucanor

Por Delfina Acosta

Andrei Platonov o la tragedia del escritor como ingeniero del alma

Andrei Platonov o la tragedia del escritor como ingeniero del alma

Por Aquiles Julián

Profeta del viento II

Profeta del viento II

Por Miguel Longarini

Un día como hoy en 1844 nace Anatole France

16 de abril de 1844

Nace Anatole France
Anatole France es el seudónimo de Jacques Anatole François Thibault, novelista y premio Nobel francés, considerado frecuentemente como el mejor escritor francés de finales del siglo XIX y principios del XX

¿Cuál es el título de la novela de Faulkner en la que se narra la peripecia de los Bundren para sepultar a su madre?

Entrevista a Osvaldo Bayer

Entrevista a Osvaldo Bayer

El poema de hoy

Poema I

Cuerpo de mujer; blancas colinas, muslos blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros
y en mí la noche entraba su invasión poderosa.
Para sobrevivirme te forjé como un arma,
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

Pablo Neruda

Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924)
enlaotrapuerta.com.ar - Archivo de noticias