En la otra puerta

Promesa de una nieta de inmigrantes: En el libro El destierro de la reina, cuya acción transcurre en Belgrano, la escritora Ana Bisignani cuenta la historia de su abuela española.

Promesa de una nieta de inmigrantes
Foto: Eva Fisher

Montañeses al 2600, entre Roosevelt y Manuel Ugarte, a una cuadra de la Avenida del Libertador y Monroe. Un jardín con árboles de rosas chinas muy alabado por los vecinos. Una mujer que llega a Buenos Aires después de un largo, largísimo viaje. Después de haber partido en la primavera de 1908, en un barco carguero italiano desde Almería, provincia de Andalucía tan pobre como alegre. Chile era la primera escala. Para llegar a Mendoza, ella debió cruzar la cordillera de los Andes, a veces montada en el lomo de una mula, a veces sentada en una silla de mimbre sostenida por unas roldadas. Pisó Buenos Aires cansada. Llevando a cuestas las primeras huellas de una historia que su nieta Ana, mucho tiempo después, se prometía escribir.
“Esa nieta soy yo. Estoy cumpliendo con una promesa que llevo conmigo desde niña”, aclara Ana Bisignani, autora del libro El destierro de la reina (Ediciones Corregidor), presentado hace algunos días en la XXXV Feria Internacional de Libro de Buenos Aires. Mostró por primera vez en público este trabajo ante la presencia de varios amigos de esa infancia transcurrida junto a su abuela en Belgrano y de los escritores Jorge Torres Zavaleta y María Granata; miembros del Centro Cultural de Andalucía; la poetisa María del Mar Estrella; la profesora María Teresa Pochat, y el periodista español José Luis Alvarez Fermosel.
“En aquel entonces, toda esa zona era un baldío; la calle Roosevelt se llamaba Guanacache y la Avenida del Libertador, Blandengues – apunta la escritora, vestida con un saco rojo tan intenso como el del clavel que aparece en manos de la dama nostálgica que ilumina la tapa de la obra -. Yo no heredé nada de esa casa de mi abuela, Eugenia en el libro, salvo los recuerdos que están volcados en estas 190 páginas. Hay referencias a canciones populares españolas y tangos (será porque mi madre era una cantante excepcional), poesías y datos históricos todavía latentes.
Como escribí en el prólogo, me fue preciso escribir esta historia, que no es una biografía rigurosa porque al faltar mi madre se enardeció mi pluma, que necesitó revivir a todos para siempre”.
Bisignani coloreó con trazos de fantasía una historia cierta en la que el fenómeno migratorio atraviesa de modo casi imperceptible, velado, a los personajes.
“Es una historia verídica ficcionada, sobre todo en cuanto a las muertes. A Eugenia la casan en Chile con Federico, un español minero mucho mayor que ella. Llegan a la Argentina y se afincan en el barrio de Belgrano, donde se vive una puja constante entre los recuerdos de Eugenia y los de su esposo murciano, más fino, que arrastra un hijo qur tuvo en Chile con una india, lo cual en aquellos tiempos era considerado algo terrible, una vergüenza. Después, un hijo de Eugenia y Federico nacerá demente. Un hijo demente y otro, bastardo. El padre no quiere al demente y ella no quiere al bastardo. Por las noches, Eugenia y Federico se encienden en la cama, pero durante el día todo es el uno contra el otro”.
Después de tres libros publicados, este es el primero del que Bisignani se siente absolutamente orgullosa.
“Creo haber logrado lo que pretendía, tanto por el contenido como por la estética. He pulido mucho la parte literaria. Me he corregido muchísimo. Soy muy apasionada y de la misma manera escribo”. Quizá por esa razón le ha llevado tanto, nada menos que cinco años, escribir este último. “Como me importa, y mucho, el idioma, he intentado hacer una filigrana de cada oración. Cualquier frase es dable de ser mejorada, pero uno tiene que decir basta. De lo contrario, se vuelve una obsesión. Estoy de acuerdo en que hay que escribir para la gente, como se dice en muchos ámbitos, pero eso no impide que el lenguaje tenga que ser superficial o estar mal escrito. A la vez, tampoco hay que subestimar al lector, por lo que encontrar el equilibrio justo siempre resulta apasionante.
La legibilidad de un texto, es decir, que esté bien construida la oración, habla bien del escritor. La profundidad temática no es rechazada por la gente. No se la explota, en realidad, porque no hay muchos que deseen ahondar en sí mismos”.
El poder plasmar sus ideas en hojas que vean la luz es un sueño para quien escribe sin una rutina, “cuando estoy en vena”. Para quien desde siempre locura por la escritura. “Ya a los 12 años pensaba que escribir un libro era lo máximo a lo que podía aspirar”. Se manifiesta satisfecha y muy, muy agradecida. “Es cierto que después de tantos años de docencia (empecé en 1979) he dado mucho de mí, aunque debo reconocer que mis alumnos me han dado más, mucho más a mí”.
Según el periodista español José Luis Alvarez Fermosel, “Bisignani alcanzó su objetivo, manejando hábilmente una trama sin demasiadas complicaciones, pero hay luz, calor y color. Si se tratara de un cuadro, podríamos decir que es una espléndida acuarela. Los personajes están muy lejos de ser de cartón piedra y de ahí que cobren vida y los veamos, y los oigamos, y sigamos su andadura vital, que es tan digna, y sus avatares, y nos parezca escuchar los latidos de su corazón. Los corazones de varios de sus personajes están heridos por el zarpazo de la inmigración: una fiera implacable que aleja del terruño a los seres queridos y convierte al inmigrante en alguien que no es de un sitio ni de otro, en definitiva”.
Días y noches pasó Bisignani con el llanto atragantado, con las lágrimas navegando en un pañuelo.
“Mucho llanto hubo, sí, porque configurar este argumento actuó como catarsis. Hice un gran esfuerzo para reflejar mis sentimientos. Por un lado decía No puedo seguir leyéndolo, porque me llegaba al corazón; por el otro, me ganaba la profesión”.
La literatura, esa forma de arte que, según ella, hace mejores personas.
“Porque desarrolla pensamientos e ilusiones, proporciona ideas de cómo son otras culturas, amplifica los ecos de la imaginación”. Mundo misterioso e insondable. Sin fronteras ni cadenas. Como el alma misma.

Publicado en La Nación el 7 de mayo de 2009

Por Martín Rodrigo Villasante

Otras notas

Clarice Lispector o la búsqueda del deslumbramiento

Clarice Lispector o la búsqueda del deslumbramiento

Por Aquiles Julián

Vida privada de la tradición

Vida privada de la tradición

Por Juan Villoro

Semblanza de algunos escritores

Semblanza de algunos escritores

Por Delfina Acosta

La vanguardia literaria en América Latina

La vanguardia literaria en América Latina

Por José Luis Giménez Frontín

David Álvarez Morgade, poeta

David Álvarez Morgade, poeta

Por Edgardo Lois

El destierro de la reina, de Ana Bisignani

El destierro de la reina, de Ana Bisignani

Por María González Rouco

Incienso de madrugada triste

Incienso de madrugada triste

Por Delfina Acosta

Homenaje al poeta Francisco Squeo Acuña

Homenaje al poeta Francisco Squeo Acuña

Por María del Carmen Suárez

Los factores no literarios y la literatura de ficción

Los factores no literarios y la literatura de ficción

Por Andrés Casanova

¿Qué es la literatura indie?

¿Qué es la literatura indie?

Por Pablo Paniagua

¿Por qué necesitamos entrenarnos como lectores eficientes?

¿Por qué necesitamos entrenarnos como lectores eficientes?

Por Aquiles Julián

Dos siglos de mujeres en las letras

Dos siglos de mujeres en las letras

Por Silvia Elena Vernengo Prack

Miguel Ángel Bustos

Miguel Ángel Bustos

Por Mara Vitas

El primo Juan

El primo Juan

Por Delfina Acosta

Cara y cruz

Cara y cruz

Por Delfina Acosta

A 15 años de ese 3 de noviembre de 1994, en que partió el poeta Armando Tejada Gómez

A 15 años de ese 3 de noviembre de 1994, en que partió el poeta Armando Tejada Gómez

Por Miguel Longarini

Carta cuenta

Carta cuenta

Por Laura Bucahi

La sombra fuera de Lovecraft

La sombra fuera de Lovecraft

Por Claudio García Fanlo

Ignacio Xurxo y Humberto Constantini, dos amigos escritores

Ignacio Xurxo y Humberto Constantini, dos amigos escritores

Por Edgardo Lois

Yourcenar

Yourcenar

Por Mario Goloboff

''Otra vuelta de tuerca'' ''Silvia'' como enigma y Gólem de palabras

''Otra vuelta de tuerca'' ''Silvia'' como enigma y Gólem de palabras

Por Lilia Dapaz Strout

Justicia poética

Justicia poética

Por Hernán Sassi

Umberto Eco opina sobre la supervivencia del libro y el diario impreso

Umberto Eco opina sobre la supervivencia del libro y el diario impreso

Por Pepe Flores

Un día como hoy en 1844 nace Anatole France

16 de abril de 1844

Nace Anatole France
Anatole France es el seudónimo de Jacques Anatole François Thibault, novelista y premio Nobel francés, considerado frecuentemente como el mejor escritor francés de finales del siglo XIX y principios del XX

¿Cuál es la obra de Umberto Eco que fue llevada al cine interpretada por Sean Connery, Christian Slater y Ron Perlman?

Entrevista al escritor holandés Herman Koch

Entrevista al escritor holandés Herman Koch

El poema de hoy

Eso dicen

Eso dicen
que al cabo de diez años
todo ha cambiado
allá

dicen
que la avenida está sin árboles
y no soy quién para ponerlo en duda

¿acaso yo no estoy sin árboles
que según dicen
ya no están?

Mario Benedetti

Geografías (1984)
enlaotrapuerta.com.ar - Archivo de noticias