En la otra puerta

Lovecraft y el evanescente reino de los olores: Lovecraft, maestro en el arte de describir las formas del horror, interpretó magistralmente las claves que abren las puertas al evanescente reino de los olores.

Lovecraft y el evanescente reino de los olores

Nos conectamos con el mundo a través de los sentidos. Construimos la realidad cuando vemos, tocamos, olemos, escuchamos o saboreamos; cada sentido nos aporta algo particular y único en el abordaje cotidiano de la experiencia sensorial.

Pero cuando se trata de percibir una realidad atiborrada de sensaciones que nos provocan miedo y terror, no tengo dudas en afirmar que es el olfato quien nos conecta de una manera más directa y perturbadora.

Lovecraft, maestro en el arte de describir las formas del horror, interpretó magistralmente las claves que abren las puertas al evanescente reino de los olores.

El olfato es un sentido que no podemos anular fácilmente, es imposible dejar de respirar solo para evitar oler. Lovecraft detecta y utiliza esta característica para crear atmosferas de agobiante insoportabilidad, consecuencia de tener que estar sometidos a aspirar aquello que nos repugna:

"Eran como impías catacumbas de apariencia amenazadora, y el acre olor a descomposición que despedían fue aumentando hasta hacerse completamente insoportable" (El ceremonial)
Hay que destacar que en este párrafo, la palabra "acre" (del latín acer, acris. Adj. áspero y picante al gusto y al olfato, como el sabor y el olor del ajo, del fósforo, etc.) nos remite al sentido del gusto. De lo cual concluimos que el olfato y el gusto están íntimamente ligados, ya que ambos distinguen por excelencia lo agradable de lo desagradable. El asco, expresión de la repugnancia, es el resultante directo de la percepción de lo desagradable llevado a nuestro limite de tolerancia, y así lo plasma Lovecraft en este párrafo maloliente:

"Un extraño olor íctico dominaba el cuarto, y le abofeteó con tal dosis de humedad que casi no pudo reprimir una mueca de asco."
(La habitación cerrada)

"El olor a pescado se hizo tan intenso, que dudé si sería capaz de soportarlo sin desmayarme."(La sombra sobre Innsmouth)


"Algo huele mal", solemos decir cuando tenemos el presentimiento de que algo no anda bien. Quizás sea el olfato el sentido que más incentiva nuestra intuición. Las fragancias nos revelan o sugieren la presencia de algo que estuvo o que está por venir.

"El olor a mar nos llegaba cargado de aromas presagiosos."
(La sombra sobre Innsmouth)

"Además del hedor a pescado que era general en todo el pueblo, reinaba allí dentro una atmósfera de humedad estancada, lo que me sugería inevitablemente emanaciones de putrefacción y de muerte."
(La sombra sobre Innsmouth)

"Al parecer, dicho ser dejó un olor nauseabundo detrás... Por su OLOR los conoceréis... ¿Era miembro de otro nido de gules intemporales?"
(Alrededores de cemento)


Pero lo genial de Lovecraft es lograr describir lo indescriptible, aquello que jamás antes ningún sentido pudo percibir, un sonido nunca antes escuchado o un hedor jamás antes olido:

"Hubo un estallido como el de una vejiga que explotase, una fangosa fetidez como cuando se raja un pez luna, el hedor de mil tumbas abiertas, y un sonido que el cronista no pudo transcribir al papel"
(La llamada de Chthulu)


Poder describir lo que está más allá de nuestra comprensión racional, es potenciar nuestros sentidos más allá de lo mensurable, salirse de los límites racionales desbordando la imaginación; no es suficiente para Lovecraft la imagen de un cadáver en descomposición, debe crear una cantidad indefinida e inconmensurable para que podamos intuir de que se trata verdaderamente ese hedor a muerte...

"Las piedras de los agrietados corredores estaban siempre odiosamente húmedas, y por doquier se percibía un olor maldito, como de pilas de cadáveres de generaciones muertas."(El extraño)


En sus descripciones Lovecraft elige el método indirecto, no describe el olor en si mismo, sino las reacciones que provoca en los demás...A veces un olor suele taparse con otro olor más fuerte... a veces produce acostumbramiento...

"Y el olor que emanaba de aquellas galeras, olor que el viento traía hasta los muelles, era indescriptible. Únicamente podían soportarlo los parroquianos más duros de las tabernas, a base de fumar constantemente tabaco fuerte." (En busca de la ciudad del sol poniente)

"La losa levantada dejó al descubierto una negra abertura, de la que brotó un hedor tan nauseabundo que retrocedimos horrorizados. Poco después, sin embargo, nos acercamos nuevamente a aquella cavidad y comprobamos que las exhalaciones eran menos insoportables."
(La declaración de Randolph Carter)

"Otro no podría haber soportado la húmeda y olorosa estancia, con los ocho ataúdes descuidadamente colocados, pero Birch, en aquellos días, era insensible y sólo cuidaba de poner el ataúd correcto en la tumba correspondiente." (En la cripta)

"El hedor a pescado era insoportable; pero me tenían preocupado cosas más graves para que me molestase este desagradable inconveniente, y me puse en marcha hacia una meta desconocida."(Dagon)

Hay infinidad de referencias a olores en la obra lovecraftiana, pero quiero finalizar esta breve reseña haciendo mención a "La sombra sobre Innsmouth" donde las referencias al mal olor son innumerables:

"En todas partes reinaba un olor nauseabundo e insoportable de pescado."

"El olor a pescado se hizo tan intenso, que dudé si sería capaz de soportarlo sin desmayarme."

No quedan dudas que el olor es uno de los elementos decisivos en la construcción ambiental de las historias y las atmosferas de asfixiante horror.

Los invito a seguir leyendo a Lovecraft y a prestar atención a los aromas elegidos en cada narración, son el preámbulo de los horrores que están por venir.

Para ver más del autor: http://www.escribirte.com.ar/recomendados/146/claudio-garcia-fanlo.htm
 

Por Claudio García Fanlo

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Porque en esas noches nos queríamos más que si
Bajo la luna en las arenas enredados y oliendo a
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Nunca me dijo nada, sólo atento a
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Y él, la alegría del tabaco en la barba, y tanta
Nunca llovió cuando bajábamos al río, pero a veces
Un pañuelo blanco y negro, me lo pasaba despacio mientras
Nos llamábamos con nombres de animales dulces, de árboles que echan
No había fin para ese interminable comienzo de cada
(Lo habré mordido mientras él clavado en mí me
Siempre en algún momento se mezclaban nuestras voces si
Podría haber durado como el cielo verde y duro encima de mis
¿Por qué, si abrazados sosteníamos el mundo contra
Hasta una noche, lo recuerdo como un clavo en la boca, en que sentí
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¿Por qué se tambaleaba, por qué su cuerpo se vencía como sí
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Mentí el grito y el llanto como si de verdad su carne me
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Julio Cortázar

La vuelta al día en ochenta mundos (1967)
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