"Entre las consejas de los mayores y de los indios huarpes, de los que yo provengo, y de las reuniones de fogón, aprendí la cultura americana, porque no frecuenté aulas. Aprendí la voz popular en que creíamos"
Fragmento extraido de la última nota que el poeta hiciera para el Diario los Andes. Por el periodista : Andrés Cáceres
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Paradojas de la vida
Armando Tejada Gómez , uno de los poetas fundamentales de Latinoamérica, no pudo ir como otros niños a la escuela. Sufrió la condena de ser pobre y de familia numerosa ( hijo 24) . Aprendió a leer como pudo y conoció la cultura de los libros como pocos y también la de sus pares, los de abajo; la cultura de la calle. Peleó con sangre su destino de poeta y escritor del mundo a pesar de su condición de autodidacta.
La postergación no pudo con él, todo lo contrario, fue pontenciadora para sobreponerse a los clásicos modelos de destrucción cultural y de grave inequidad instalados desde siempre en nuestro país. Todo le fue difícil, pero no claudicó en su postura de elevarse sin perder jamás la esencia de su origen y su destacado compromiso y fundamental coherencia ante la vida.
Hoy, escuelas en su Mendoza natal llevan su nombre. Ese nombre es un símbolo de todos los postergados del mundo, que han podido lograr salir del moderno esclavismo que imponen las políticas implementadas para no crecer como ser humano; y sí utilizar su manos eclavas para mostrar un PBI en marcado crecimiento.
Esto que trato de reflejar y comparto, pretende ser una muestra de algo necesario que debemos hacer conocer, y en especial para quienes ejecutan la tarea de formar a los niños y jóvenes de escasos recursos. Es algo que nos hace falta enseñar. Un forma de poder avanzar hacia la esperanza.
En la obra de este poeta Argentino, se puede encontrar la mejor receta para enfrentar el horizonte sombrío que hace décadas los modelos de la decadencia han implementado, con la pretensión de convertir al individuo en un ser que deberá acostumbrarse a ser desclasado, a no poder pensar en cultivarse cultural y espiritualmente porque eso no es para los de su incalificable clase social. Aquí está la prueba de nada es así y todo es cuestión de encontrar las ganas y la tenáz persistencia de ponerlo en práctica.
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Para qué escribo poesía
Antítesis que deforman la palabra dura
Metáforas que calman al oído
Para qué escribo preguntas sin respuestas
—Como esta angustia—
Si no hay ni habrá dios que las contemple
Para qué
Si no hay música que suspenda a estos versos en el aire
Si toda hipérbole se vuelve infamia Si sólo el viento es el que lee
Para qué seguir rompiendo lanzas
Si el que difama hunde los pies
En la tierra