Arriba, ¿qué es arriba?, quedaba lo que el cielo oculta, esa mancha oscura y deforme que ni alumbra ni protege, esa mancha que es toda sal. Arriba, ¿qué es arriba?, no hay luz ni hay sombra, no hay hambre ni hay sed, no hay decepción ni hay esperanza. Arriba, ¿qué es arriba?, sopla un viento siniestro que llega hasta nuestros despojos y los agita como si fueran pétalos de una rosa seca, abriéndonos las heridas hasta cubrirlas con tierra. Y ese viento, siniestro y obstinado, poco a poco va haciéndose de la noche hasta quedarse con todos sus brillos, con todos sus secretos, con todas sus metáforas.
Somos seis
No es el tiempo la distancia
el hueco invisible
el labio en la sal
el error en los ojos
No es la falta en recorrerla
la voz tras puñal
el despertar solitario
la mañana a las seis
No es espejo la mentira
el coral de los ojos
la ruta de las manos
la madera diurna
No es el aire ni las hojas
ni el sol, nudo del cuello
ni la arena ni la historia
ni la cuerda ni el silencio
No es lo lento de una tarde
que jamás llegará a tiempo
ni desnudará la daga
la memoria de un reloj urgente
cuando las tablas vuelquen noches
y una historia se descuelgue
con la marca de una soga
con el único color
de los amores muertos