En la otra puerta

Un hombre claro

Entrevista a Edgar Borges

Un hombre claro

¿Cuándo siente Edgar Borges la necesidad de entregarse a la escritura?

La lectura la descubrí de niño, como una pasión; ya desde entonces no pude detenerme. Cuando a través de la lectura se descubren otras realidades ya no puedes parar, ya no crees en lo que ves como una realidad absoluta. Descubres que la literatura de ficción es la subversión del pensamiento. No aceptas el control de ninguna norma absurda, venga de donde venga; entiendes que las normas tienen que ser diseñadas en beneficio de lo humano y no a la inversa. Un poco después, también de niño, hice intentos de escribir algunos cuentos y hasta me atreví con una novela disparatada; más tarde, en la adolescencia asumí que lo mío era escribir a contracorriente de la rigurosa realidad social que te pide cordura y normalidad para que te conviertas en un buen sirviente del sistema.


¿Por qué crees en la fuerza de las palabras?

La palabra es todo; la palabra es dominación y liberación. En la actualidad se nos hace creer que la palabra está en desuso, que es algo de otro tiempo, como si fuésemos sordos y ciegos de la existencia, pero eso es un chantaje del propio sistema capitalista, pues, hasta para instaurar la política de mercado fue necesario disponer de un discurso, de un concepto trabajado por especialistas en la comunicación y del comportamiento humano. Al pensar en esto me fastidian los trasnochados del verbo, estos son aquellos individuos que se cansaron en el camino y que defienden los derechos sociales más como un cascarón vacío, como una nostalgia de una lucha que no pudo ser y en la que ellos ya no confían. Estos sujetos, por su desencanto patético, son los responsables de la falta de alternativas políticas. Ellos, a puerta cerrada, le dicen al trabajador que no hay esperanza, y cuando salen a la calle gritan la misma consigna de hace cincuenta años. El instante actual, de tanta complejidad, les exige a estos señores que se vayan a dormir y que den paso a quienes no aceptan el desgaste de las ideas. Por ellos, el capitalismo, en lugar de caer, se reinventa.

¿Cuál fue, si lo hubo, el momento más duro de tu carrera? ¿Estuviste a punto de abandonar la literatura y dedicarte a otra cosa?

Soy terco, cuando niño le juré a mi madre (Hercilia) que o era creador o no era nada; en realidad el juramento fue un poco más atrevido, era algo así como que entre oficinista y destructor de oficinas me iba por lo segundo, pero no tengo nada contra los oficinistas, fue sólo un ejemplo que me permitió, desde niño, asumir una ruta a contracorriente. Yo creo que uno tiene que apostar a su idea de vida y defenderla de día y de noche, despierto y dormido. Ese fue mi Sur y lo será mientras tenga vida.

En los llamados intelectuales veo una gran competencia entre pares ¿es así? ¿Estamos dominados por el mundo del ego que nos hace rígidos?


Cierto y lamentable; pero eso ha sido así siempre, en el mundo literario los egos dominan la lógica. No obstante, pienso que hoy el gran dilema es la falta de valoración pública que tiene el intelectual. La idiotez generalizada ya no observa con sagrado respeto al intelectual; esto tiene sus extremos en ambas partes. El intelectual no debe ser un sabio aislado de la calle pero tampoco un adorno de tienda. El intelectual es un trabajador de las ideas y debe ejercer su oficio en coherencia con su tiempo. Sin embargo, en el siglo XXI hay muchas preguntas que deberían golpear la conciencia de los escritores: ¿Vamos a permitir que el pensamiento tecnócrata secuestre el funcionamiento del planeta? ¿Qué nueva noción de intelecto regirá la sociedad parida desde las nuevas tecnologías? ¿Cómo vamos a lograr que el arte deje de ser un adorno de los estados? En fin, el intelectual o interpreta el actual momento, donde hasta la valoración del tiempo es otra, o está destinado a quedar como pieza de un museo virtual.


De tu último libro LA CONTEMPLACION ¿recordás el momento de la inspiración y cuándo comenzaste a escribirlo?

La idea de La contemplación tiene que ver con uno de los temas que me obsesiona: el otro yo que no admitimos. A partir de esa idea diseñé una serie de personajes y de situaciones que se bifurcan para luego surgir como dilemas. La dualidad va desde lo bestia y lo sublime que sacude una misma existencia; hembra o varón; izquierda o derecha; nacional o extranjero; observación o movimiento y una serie de paradigmas que nos acompañan en el viaje. La contemplación es el tránsito de una persona que se monta en un tren para buscar a su pareja que le ha abandonado. Desde ahí la novela es un viaje por las contradicciones de una persona. Ella (o él) es una pequeña replica del mundo. La escritura la inicié en 2007 y la concluí a comienzos de 2010.


¿Cómo hacer para que las grandes editoriales reparen en los escritores noveles? ¿Es posible?

El camino actual pasa por muchos cambios de paradigmas; la solución ya no son ni las grandes ni las pequeñas editoriales; en ambos casos, aunque suene paradójico, la incomunicación podría estar garantizada. Se dan muchos casos de escritores publicados por grandes editoriales que no necesariamente son lanzados en más de dos países. También se da el caso de pequeñas editoriales que quieren ser grandes para comerse el mundo, a los escritores, a los lectores y a sus familiares. El asunto es hacer bien el trabajo; la literatura de hoy necesita editores en todo el sentido de la palabra; profesionales del libro; el escritor escribe y el editor edita, esto suena obvio pero hoy se aplica poco; hay muchos buenos escritores y muy pocos buenos editores. La globalización ha originado una falta de distribución asombrosa; un escritor conocido en Colombia no lo es en Venezuela y viceversa. Los únicos casos son los lanzamientos que se fabrican a escala global. Ante este escenario el escritor novel tiene serios retos. Uno de ellos podría ser no quedarse en la escritura de la obra, habría que reinterpretar las formas de edición y de promoción. Siempre existen creadores que logran escapar a las reglas, pero cada vez el mercado de consumo lo hace más complejo. Otra vía podría ser el regreso del creador como juglar, como poeta de la calle de su tiempo. Pero todo esto pasa por la energía de las ideas, como decía antes, para generar nuevos escenarios es conveniente que se vayan a dormir de una vez aquellos que se cansaron cuando se derrumbó la Unión Soviética.

Tu recuerdo más claro de la infancia ¿cuál es?

Al llegar del colegio corría de habitación en habitación y de la cocina al baño imaginando que conducía un autobús y recogía pasajeros. Lo más cumbre es que en cada parada todo el mundo me armaba líos, unos por el precio del pasaje y otros por el descuido de mi autobús.

¿Quién se encuentra detrás del nombre EDGAR BORGES?

Un sujeto que trabaja para cambiar su mundo.


¿Crees que tenemos salida como sociedad o estamos condenados a seguir en la degradación del ser humano?

Si no creyera en el cambio radical de nuestra sociedad sería un cínico o un derrumbado. Me niego a entregar la ilusión desde la práctica diaria; me niego a formar parte de una nostalgia discursiva. En la confianza que deposito en mi acción de vida, pero también en la de muchos otros, radica mi convicción de que aún faltan muchas ideas para armar las piezas del rompecabezas social. La historia no ha llegado a su fin. Una sociedad más justa no será impulsada ni desde la nostalgia ni desde el cinismo, para ello son necesarias ideas vigorosas y atrevidas. El conservadurismo que padece el planeta merece una lección desde el atrevimiento y la inventiva.

Y para finalizar, me gustaría que nos dejaras una pequeña reflexión sobre la entrevista o lo que tú quisieras comentar.

Llegó la hora de que cada individuo entienda cuál es su cuota de responsabilidad ante la mierda que inunda el mundo. Decimos que los políticos roban; que los empresarios mueven los hilos invisibles; que los medios de comunicación venden basura; que la iglesia impone el miedo; que el vecino es fascista, pero, ¿dónde estaba el pueblo cuando todas las plagas nos invadieron?

Por Juan Pomponio

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Haz de luz entre las sombras
Témpano a la deriva
A qué estrella has hostigado
Rasgas las vestiduras de este mar en celo

Te abres paso como recuerdo
Nada existe al margen de tu senda
Nada permanece al perderte en la espesura
Jungla voraz
donde el silencio habita y el fuego muere

Llevas como lastre un cordal de amnesia
Fugaz hielo en llamaradas que huyes del pasado
La noche sólo abriga almas indefensas

Si de memoria somos y de olvido morimos
Por qué esta penumbra me condena al recuerdo
Haz de luz que nunca terminas de extinguirte

 

Ricardo Cardone

Los lados oscuros (2024)
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