El corazón del poeta nunca envejece, como tampoco envejece la magia de la inspiración. Lo prueba esta suma de poemas integrada en una amplia ecuación generacional.
José Edmundo Clemente
Si yo de barro y vos también
A qué cuerpo hay que hostigar
A aquél que vulnera el deseo
A éste que desea
Que el creador derrumbe sobre mí cada una de las pestes
Pesa esta oscuridad sobre mi espalda
Desnuda
Someteré la piel hasta el hastío
Condenados son sus cuerpos en mitades
Mitad bestia
Mitad barro
Cae el cuerpo de Lilith sobre el de Adán
Caen los restos de Lilith
Al vacío caen