Hay un silencio música en el pentagrama de la escritura.
Inquiere, participa de lo inédito en los blancos del poema. Acaso pueda remitirnos de alguna manera al instante bachelardiano, compuesto por una respiración que sugiere la sustancia de una propedéutica.
Quizá también propicie la idea de una estética imperceptible, sin embargo, imbuída de ingentes significaciones; en tanto nos revela esa "otredad".
Una pausa que puede ser más rica, cuando aspira a objetivarse en la dimensión de quien nos lee.
Vi el ojo y el cristal
Y a través del cristal vi otro ojo
Un ojo áureo
Un ojo blanco
Vi el ciego filo del recuerdo
Y el incierto bastón que ordena
Vi las manos que moldearon estas manos
A todos y a cada uno de los dedos y sus huesos
Los vi morder esta piel quebrada
Vi el fin de Oriente y de Occidente
Ahora todo es mar que olvida
Vi la huella vacía del agua
Y su metáfora
Vi la sombra de todas las antítesis
El hambre que devora
El barro en la lengua El nombre de Dios
Vi a un hombre pasado que ahora escribe
Un poema que es este poema
De oscura sal