Teuco Castilla: Leopoldo "Teuco" Castilla, poeta "Como si la casa entera fuera hecha de palabras".

Teuco Castilla
Leopoldo Castilla nació en Salta en 1947. Publicó los siguientes libros: El espejo de fuego (1968); La lámpara de la lluvia (1971); Generación terrestre (1974); Versión de la materia (1982); Campo de prueba (1985); Teorema Natural (1991); Baniano (1995); Nunca (2001); Libro de Egipto (2002); Línea de fuga (2004); Bambú (2004). En el 2001 fue publicada una antología del autor por el Fondo Nacional de las Artes.

El listado de libros del Teuco (Llamame Teuco, me dijo) que se detallan más arriba es sólo para reflejar algo, un apenas de pista, un señalamiento de la obra de un hombre. Porque el Teuco es todavía más trabajo y camino. Sus libros fueron editados por editoriales argentinas y españolas, porque a España fue a vivir su exilio cuando en el país éramos derechos y humanos. Como narrador publicó: Odilón (1975) y La luz naranja (1984). Y siempre hay más en su historial, pero hasta aquí llegan los nombres. Él mismo, y muchísimo antes, habría terminado con la enumeración.
La suerte quiso que un poeta argentino como Marcos Silber, en una de nuestras charlas alrededor de la escritura, es decir, él habla y yo escucho para aprender, me obsequió un libro del Teuco con especial énfasis en la altura poética del susodicho Libro de Egipto. Y ya nada fue lo mismo, Egipto, y los muertos eternos y el cementerio habitado de El Cairo en la letra de este salteño que nunca habrá de abandonarme, Castilla es otro de los que conmigo se queda. Fruto de este fenómeno extraño, que un escritor argentino recomiende a otro escritor argentino que todavía respira (sí, digo extraño, porque no ocurre tanto como debiera, y sólo un puñado de seres humanos escritores respetan hoy el compromiso ético del oficio), los libros de Castilla comenzaron a hacerse en mi biblioteca.
Después el Teuco se hizo al teléfono y en las mesas de café y ginebra. El poeta va siempre como eterno y alegre agradecido; y de calidad humana se trata cuando uno de esos escritores que logran la especial sintonía de la escritura y la vida, quiere y puede, por ejemplo, ofrendar el tiempo necesario para leer el libro de un desconocido que trabaja para formarse, que trata de llegar a la voz propia, la única distinción posible dentro de la escritura. Y el Teuco tiene tiempo porque lleva encima, bien mezclada en su figura de gigantón, la sencilla generosidad de la buena gente. Ésto también es sólo algo de lo que es Leopoldo Castilla.
Su último libro es El amanecido (2005). Todavía lo veo sentado a la mesa, el día de la presentación, leyendo unos pocos poemas, para cuidar a la gente y no cansarla. Castilla lee dentro de un registro de whisky, así el verso se hace todavía más humano y raspa, como raspa el hielo las entrañas del vaso. A continuación algunas consideraciones del poeta.

El amanecido reúne poemas nacidos en esos momentos en los que uno puede descubrirse como “amanecido”, en la sospecha exacta entre el fin de la noche y el principio del día. ¿Tiene Castilla un método, un lugar, un estado, que lo invite especialmente a la escritura?

Nunca se sabrá cuál es el camino de energía que une al hombre con esa dimensión extraña, pero física, que es la poesía. Es como esos vientos que barren grandes espacios y juntan los residuos en un solo rincón. Una especie de donación de enormes latitudes, reales y metafísicas, que, de golpe, son recibidas por un poeta atónito. El azar y la búsqueda manejan esa baraja. Yo personalmente he escrito lo que pude donde sea y como sea, más agradecido a la dádiva de ese golpe fortuito de la emoción o la revelación que a las condiciones objetivas. Eso sí, no hay vez que vaya a llover que no se me vuele el cablerío. Será la carga de ozono en el aire, o, simplemente, la visita de la lluvia que como vos sabés es un hecho bastante sobrenatural.

Leopoldo “Teuco” Castilla como viajero. De dónde el impulso, cómo y por qué a lugares como Egipto, Katmandú, Vietnam. Vicente Muleiro, en la presentación de El amanecido dijo que el Teuco de todos lados se trae un libro. Por ejemplo, ¿ver el cementerio habitado en las afueras de El Cairo se hizo marca en Castilla y luego fue parte, inevitable, de su libro de Egipto?

El viajar me viene de la infancia. Más que el viaje, la aventura. Si supieras las veces que por irresponsable casi pierdo el cuero, los versos y el camino de una sola vez. Pero es hermoso. Uno, porque quien no se da cuenta de que sólo tiene esta oportunidad para ver el planeta donde ha aparecido. Tanta maravilla, más de la que creas que podés imaginar muy sentadito en el umbral, y dos, a la poesía también hay que ir a buscarla, no sólo aguardar que te venga. Aún así, un hombre en el camino no es más, ni menos, que un hombre quieto en su lugar. Cada uno se pierde una parte o un don del otro. Hay también en el viaje el hecho de conocer con el cuerpo. Entonces comprendés cuanta estupidez sustenta a los racistas, que son tales porque fundamentalmente son ignorantes, venimos de una misma madre africana y no conozco a nadie que haya hecho un doctorado para nacer blanco, amarillo o negro. Cuanta liviandad a los prejuicios sobre los otros pueblos, que siempre son conmovedores y maravillosos. Yo quisiera poder terminar de devolverle a ese planeta, con mis poemas, su memoria en la mía. Tanta hermosura que estamos destruyendo.

Cuál es el origen del Teuco Castilla poeta, hasta dónde o a partir de cuándo, al menos así lo supongo, Castilla padre enseñó una posible manera de vivir. Además el padre vuelve, es presencia notable en El amanecido, [...] mi padre ardiendo, / maravillado, / herido / entre cantores difuntos.

He nacido en la casa de un poeta. El diálogo sobre la poesía era constante y vivo allí. Vaya a saber uno si uno es un poeta. Si sé que le he intentado a fondo y sin concesiones. Tampoco ser hijo de un poeta garantiza nada. Se es si la poesía quiere, sino no hay caso. Así seas hijo de Shakespeare. De mi padre aprendí todo. De él y de mis amigos y mis lecturas y mi vida. A veces recuerdo un niño exasperado por visiones terribles y alucinado hasta la temeridad por las grandes tormentas de Salta y, como te dije, con un montón de caminos imaginarios en la cabeza. Tal vez eso, junto a la atmósfera de amor, y respeto, mucho respeto por la poesía que se vivía allí, hayan hecho que no cese en esta tarea de andar tras las palabras. A veces me gusta pensar en cuántas palabras salieron de esa casa, entre los libros de mi padre, de mi hermano, el Guaira y los míos. Como si la casa entera fuera hecha de palabras.

Es sabido que no es aconsejable mirar la vida sin la presencia de la muerte, al menos si hay intención de vivir a conciencia abierta, y da la sensación de que Castilla tiene especial atracción por entrarle a la vida por el lado de su compañerita inseparable, Teuco, ¿qué hay con la muerte?

Tengo unas coplas a la muerte que terminan diciendo: La muerte anda enamorada / desde el día en que la vi / anda pintada por verme / y preguntando por mí. // Me vino a buscar la muerte / y nos topamos tomando / y la dejé dormidita / vaya a saber hasta cuando. Desde changuito veía a la muerte bajar todas las noches la escalera que llevaba a la terraza de mi casa. Desde entonces la esquivo como puedo. Y espero que ni se acuerde de mí por muchísimos siglos. La muerte a veces se me hace como ese punto neutro o negro que hay dentro de un prisma. Una quemadura que exhala dos dimensiones distintas. He escrito mucho sobre ella. Tal vez para conjurarla. Lo que más temo de la muerte es el aburrimiento. De esas coplas que escribí a los veinticinco años me acuerdo de otras dos: La muerte son dos caminos / que se hacen frente a un espejo / de un lado se es polvo joven / y del otro polen viejo. Y esta otra: La muerte es una ventana / que se cierra y que se abre, / de un lado es: “no estuve nunca” / del otro lado: “quién sabe”.

¿Qué es para el Teuco la lectura y la escritura?

Con respecto a las lecturas, creo que hay que recuperar sobre todo los jóvenes poetas, el maravilloso legado de la poesía argentina que nos precedió y el de la lengua. Acabar con la balcanización, que al final nos disminuye en conjunto, de la poesía de Buenos Aires y del interior. La poesía no es de nosotros, sino nosotros de la poesía, como decía refiriéndose a la canción Vitillo Abalos. El olvido de la poesía de la lengua va en desmedro de una fuerza numinal de este oficio, escribir dentro y utilizando la sinfonía del idioma que, como en el caso de los poetas ingleses a los que tanto quieren emular algunos, han logrado, respetándola, una mayor eficacia e inscripción de su pensamiento poético. De todos modos cada poeta es un mundo. Y creo yo, que no estoy autorizado a levantar ningún paradigma, que es sobre ese mundo sobre el que se tiene que escribir, el más auténtico, entonces se podrá añadir algo propio a la poesía. Pero mejor es que la gente haga lo que quiera con su libertad. No hay “deber ser”. Estas sólo son reflexiones que lo único que hacen es pasar de siglo en siglo, de poeta en poeta. De servir, sirven. También, en otro estadio, la poesía se hace desoyendo.

Septiembre de 2006

Esta entrevista fue publicada originalmente en el periódico "Desde Boedo".

Por Edgardo Lois

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Sin tierra sin cielo

Jesús y yo salvadas las distancias
somos dos habitantes del exilio
y lo somos por cautos por ilusos

algo se nos quebró en mitad del verbo
y asf sobrellevamos esta pena
restaurando vitrales y nostalgias

no tenemos altares ni perdones
Jesús y yo de pueblo memoriosos
a veces compartirnos el exilio

compartimos los panes y desiertos
y las complicidades y los judas
y el camello y el ojo de la aguja
y los santotomases y la espada
y basta los mercaderes y la furia

no es eco ni abstracción
es una historia apenas

él veterano yo inexperto
llegamos emigrantes al futuro
descalzos y sin norte y sorprendidos

yo / oscuro y fracturado / sin mi tierra
él / pobre desde siempre / sin su cielo

Mario Benedetti

Geografías (1984)
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