En la otra puerta

El farmer

Andrés Rivera

1996 - Novela

Aguilar

Si se ha leído El amigo de Baudelaire, La sierva, La revolución es un sueño eterno o Mitteleuropa, por ejemplo, y abrimos El farmer, reconoceremos al autor par su puntuación. Nos decimos: la voz grave de Rivera, el sonido húmedo de su prosa. Sólo que esta vez -como si lo pétreo del personaje o su mito lo impusieran- se nos ofrece un lenguaje que, como nunca, se desmigaja y asienta hasta alcanzar un espesor que roza lo poético.

Conocemos las preferencias de Andrés Rivera por conjugar los temas de la historia, pero no se trata -nos parece- de una historia que construya un relato temporal sino que, alrededor de un personaje, se nos revela un espacio geográfico en el cual los acontecimientos no se suceden unos a otros, ya que se instalan y giran simultáneamente.

¿Quién mejor que Rosas, que cristalizó en torno de él una sociedad, una época, y las anécdotas que la afectaron, como centro de ese mapa? Esta opción se ve reforzada par el soliloquio como forma de expresión.

Sin embargo, el tópico de El farmer no es únicamente la historia. El autor trasvasa su problemática de escritor del siglo XX a su personaje para reflexionar sobre el hecho literario. Juan Manuel de Rosas, instalado en un paisaje de nieve -página en blanco- acarrea el peso de otras historias escritas y se enfrenta, ya no sólo como rival ideológico político sino como rival literario, a Sarmiento (el otro personaje que recorre como un espectro las páginas de esta novela). "El señor Sarmiento y yo... somos dueños de los mismos silencios. De las mismas ambigüedades, de las mismas certezas... El señor Sarmiento publica, yo no." ¿Quién escribe por el señor Rosas? La reflexión no se detiene sino que se desliza del tema del escritor como creador al misterio del escritor como personaje. Dice Rivera en la oración siguiente: "Eso -qué somos, para la narrativa, el señor Sarmiento y yo- lo han adivinado quienes llegan hasta el condado de Swanthling y golpean mi puerta." Así, Rivera al hablarnos de la historia no cesa de hablarnos de la escritura.

Pero, ¿quién es Rosas como personaje de El farmer? Un viejo que se lamenta del olvido en que lo han abandonado sus continuos seguidores. Idólatras, oportunistas, temerosos. Y no sólo ellos sino también Manuelita, el otro Rosas, la sucesora pero también la mujer que él lleva en sí porque "un hombre, si es hombre, es toro y vaca", y que ha dejado vacío su espejo. Un viejo que no se arrepiente de su "hacer el mal sin pasión". Un nostálgico del "Ancien Régime", supersticioso de la propiedad privada que no comprende la supuesta libertad de prensa permitida par la corona británica. Y cuya realidad, la que quiere inventar el "todopoderoso" (¿el escritor?, ¿el autócrata?) ha vacilado ante lo exterior impermeable (el pasado, el destierro, la vejez, la muerte y hasta el llanto): "Nieva en el condado de Swanthling. Y hay sol y verano, pese a mí, en el partido de Monte, provincia de Buenos Aires..."
Sobrevuela en estas páginas, finalmente, una dolorosa constatación que, junto al autor, podemos hacer nuestra: la inmovilidad de la historia argentina, la imposibilidad de desentrañar la dialéctica entre dos visiones que se excluyen y, no obstante, se miran fascinadas una en el espejo de la otra, sin poder quebrar su hipnosis.

Ante la letra con que Rivera vuelve a sumergirnos en la ficción, la pasión de la lectura se renueva.

Susana Szwarc para La Nación Cultura

Obras de Andrés Rivera

  • 2005 - Esto por ahora - (Novela)
  • 2004 - Cría de asesinos - (Cuento)
  • 2003 - El manco Paz - (Novela)
  • 2002 - Para ellos el paraíso y otras novelas - (Novela)
  • 2001 - Hay que matar - (Novela)
  • 2000 - Cuentos escogidos - (Antología)
  • 2000 - Tierra de exilio - (Novela)
  • 1999 - El profundo sur - (Novela)
  • 1998 - La lenta velocidad del coraje - (Novela)
  • 1996 - El farmer - (Novela)
  • 1994 - El verdugo en el umbral - (Novela)
  • 1993 - Mitteleuropa - (Cuento)
  • 1992 - La sierva - (Novela)
  • 1991 - El amigo de Baudelaire - (Novela)
  • 1987 - La revolución es un sueño eterno - (Novela)
  • 1984 - En esta dulce tierra - (Novela)
  • 1982 - Nada que perder - (Novela)
  • 1972 - Ajuste de cuentas - (Cuento)
  • 1968 - El yugo y la marcha - (Cuento)
  • 1965 - Cita - (Cuento)
  • 1962 - Sol de sábado - (Cuento)
  • 1959 - Los que no mueren - (Novela)
  • 1957 - El precio - (Novela)
  • Un día como hoy en 1975 muere Saint-John Perse

    20 de septiembre de 1975 - Muere Saint-John Perse

    ¿Quién es el autor del poema ''Intervalo doloroso''?

    Un hombre claro

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    Las dos criaturas

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    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    La muerte de la luna

    En el parque confuso
    Que con lánguidas brisas el cielo sahúma,
    El ciprés, como un huso,
    Devana un ovillo de de bruma.
    El telar de la luna tiende en plata su urdimbre;
    Abandona la rada un lúgubre corsario,
    Y después suena un timbre
    En el vecindario.

    Sobre el horizonte malva
    De una mar argentina,
    En curva de frente calva
    La luna se inclina,
    O bien un vago nácar disemina
    Como la valva
    De una madreperla a flor del agua marina.

    Un brillo de lóbrego frasco
    Adquiere cada ola,
    Y la noche cual enorme peñasco
    Va quedándose inmensamente sola.

    Forma el tic-tac de un reloj accesorio,
    La tela de la vida, cual siniestro pespunte.
    Flota en la noche de blancor mortuorio
    Una benzoica insispidez de sanatorio,
    Y cada transeúnte
    Parece una silueta del Purgatorio.

    Con emoción prosaica,
    Suena lejos, en canto de lúgubre alarde,
    Una voz de hombre desgraciado, en que arde
    El calor negro del rom de Jamaica.
    Y reina en el espíritu con subconsciencie arcaica,
    El miedo de lo demasiado tarde.

    Tras del horizonte abstracto,
    Húndese al fin la luna con lúgubre abandono,
    Y las tinieblas palpan como el tacto
    De un helado y sombrío mono.
    Sobre las lunares huellas,
    A un azar de eternidad y desdicha,
    Orión juega su ficha
    En problemático dominó de estrellas.

    El frescor nocturno
    Triunfa de tu amoroso empeño,
    Y domina tu frente con peso taciturno
    El negro racimo del sueño.
    En el fugaz desvarío
    Con que te embargan soñadas visiones,
    Vacilan las constelaciones;
    Y en tu sueño formado de aroma y de estío,
    Flota un antiguo cansancio
    De Bizancio...

    Languideciendo en la íntima baranda,
    Sin ilusión alguna
    Contestas a mi trémula demanda.
    Al mismo tiempo que la luna,
    Una gran perla se apaga en tu meñique;
    Disipa la brisa retardados sonrojos;
    Y el cielo como una barca que se va a pique,
    Definitivamente naufraga en tus ojos.

    Leopoldo Lugones

    Lunario sentimental (1909)
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