En la otra puerta

La sierva

Andrés Rivera

1992 - Novela

Alfaguara

Lucrecia, una mujer de origen bastardo y dispuesta a todo, quiere ser patrona. Pero ella, que no vaciló en hacer matar a su padastro para ocupar su lugar y quedarse con sus escasos bienes, es sólo una sierva.
Su amo es el juez Saúl Bedoya, notable figura de la naciente burguesía argentina, que decidió soslayar la culpabilidad de Lucrecia, fascinado por su belleza y su temperamento salvajes. Sometida a todos los caprichos y perversidades de su dueño, Lucrecia no hace más que aplicarse a ellos como una forma desviada del aprendizaje de los ritos del poder.
Desde la perspectiva excéntrica de una mujer obsesionadad por el mando y la riqueza, el relato ilumina los dobleces de una clase encandilada por su propia opulencia.

Obras de Andrés Rivera

  • 2005 - Esto por ahora - (Novela)
  • 2004 - Cría de asesinos - (Cuento)
  • 2003 - El manco Paz - (Novela)
  • 2002 - Para ellos el paraíso y otras novelas - (Novela)
  • 2001 - Hay que matar - (Novela)
  • 2000 - Cuentos escogidos - (Antología)
  • 2000 - Tierra de exilio - (Novela)
  • 1999 - El profundo sur - (Novela)
  • 1998 - La lenta velocidad del coraje - (Novela)
  • 1996 - El farmer - (Novela)
  • 1994 - El verdugo en el umbral - (Novela)
  • 1993 - Mitteleuropa - (Cuento)
  • 1992 - La sierva - (Novela)
  • 1991 - El amigo de Baudelaire - (Novela)
  • 1987 - La revolución es un sueño eterno - (Novela)
  • 1984 - En esta dulce tierra - (Novela)
  • 1982 - Nada que perder - (Novela)
  • 1972 - Ajuste de cuentas - (Cuento)
  • 1968 - El yugo y la marcha - (Cuento)
  • 1965 - Cita - (Cuento)
  • 1962 - Sol de sábado - (Cuento)
  • 1959 - Los que no mueren - (Novela)
  • 1957 - El precio - (Novela)
  • ¿Qué premio literario recibió Jorge Luis Borges en 1979?

    Entrevista a una mujer de las letras

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    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Capitulación

    Anoche, unos abriles granas capitularon
    ante mis mayos desarmados de juventud;
    los marfiles histéricos de su beso me hallaron
    muerto; y en un suspiro de amor los enjaulé.
    Espiga extraña, dócil. Sus ojos me asediaron
    una tarde amaranto que dije un canto a sus
    cantos; y anoche, en medio de los brindis, me hablaron
    las dos lenguas de sus senos abrasadas de sed.
    Pobre trigueña aquella; pobres sus armas; pobres
    sus velas cremas que iban al tope en las salobres
    espumas de un marmuerto. Vencedora y vencida,
    se quedó pensativa y ojerosa y granate.
    Yo me partí de aurora. Y desde aquel combate,
    de noche entran dos sierpes esclavas a mi vida.

    César Vallejo

    Los heraldos negros (1918)
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