Exilio para no morir

Elisa Dejistani

Elisa Dejistani

1986 - Poesía

Elisa Dejistani, persevera en la reflexión - que es una razón de existir - y lo hace por el camino de la poesía.Subjetiva la realidad, la hace intemporal y no la falsea. Incursiona con una sensibilidad rica en la obra de los grandes creadores. Se sabe su correspondiente y los traduce con lucidez, a veces con ternura, con depurada serenidad y comprensión. Su canto, expresivo y dinámico, perseguidor de los enigmas esenciales, posee una agudeza intuitiva, de cuya destreza nos informan estos versos:

Quizás, vuelva a contarte aquello que nunca creíste, con una voz indudable, esa que restituya la palabra exacta, pronunciada con labios anteriores, a este tiempo de sombras agoreras.

Textos para leer de Exilio para no morir

  • Todo Nada (Poema)
  • Obras de Elisa Dejistani

  • 1977 - Misteriosa magia
  • 1986 - Exilio para no morir
  • 1989 - Poetas hispanoamericanas contemporáneas, de Oscar Abel Ligaluppi
  • 1990 - Disonancia del bronce en Makhac-Kala
  • 1991 - El cantar de las palabras
  • 1994 - Con el sol en las manos
  • 1995 - Veinte voces de Buenos Aires, de Florencia Durán
  • 1996 - 20 voces destacadas. Selección y estudio de Ruth Fernández
  • 2009 - Dualidad del silencio
  • Un día como hoy en 1844 nace Anatole France

    16 de abril de 1844

    Nace Anatole France
    Anatole France es el seudónimo de Jacques Anatole François Thibault, novelista y premio Nobel francés, considerado frecuentemente como el mejor escritor francés de finales del siglo XIX y principios del XX

    ¿En qué novela de un famoso escritor se narra la historia de amor entre Fermina Daza y Florentino Ariza?

    La revolución no cumplió

    La revolución no cumplió

    Santoro, hoy

    Santoro, hoy

    Por José Antonio Cedrón

    El poema de hoy

    Una despedida

    Tarde que socavó nuestro adiós.

    Tarde acerada y deleitosa y monstruosa como un ángel oscuro.
    Tarde cuando vivieron nuestros labios en la desnuda intimidad de los besos.

    El tiempo inevitable se desbordaba sobre el abrazo inútil.
    Prodigábamos pasión juntamente, no para nosotros sino para la soledad ya inmediata.

    Nos rechazó la luz; la noche había llegado con urgencia.
    Fuimos hasta la verja en esa gravedad de la sombra que ya el lucero alivia.

    Como quien vuelve de un perdido prado yo volví de tu abrazo.
    Como quien vuelve de un país de espadas yo volví de tus lágrimas.

    Tarde que dura vívida como un sueño
    entre las otras tardes.

    Después yo fui alcanzando y rebasando
    noches y singladuras.

    Jorge Luis Borges

    Luna de enfrente (1925)
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