En la otra puerta

Exilio para no morir

Exilio para no morir, de Elisa Dejistani

Elisa Dejistani

1986 - Poesía

Fundación Argentina para la Poesía

Elisa Dejistani, persevera en la reflexión - que es una razón de existir - y lo hace por el camino de la poesía.Subjetiva la realidad, la hace intemporal y no la falsea. Incursiona con una sensibilidad rica en la obra de los grandes creadores. Se sabe su correspondiente y los traduce con lucidez, a veces con ternura, con depurada serenidad y comprensión. Su canto, expresivo y dinámico, perseguidor de los enigmas esenciales, posee una agudeza intuitiva, de cuya destreza nos informan estos versos:

Quizás, vuelva a contarte aquello que nunca creíste, con una voz indudable, esa que restituya la palabra exacta, pronunciada con labios anteriores, a este tiempo de sombras agoreras.

Textos para leer de Exilio para no morir

  • Todo Nada (Poema)
  • Obras de Elisa Dejistani

  • 2009 - Dualidad del silencio - (Poesía)
  • 1996 - 20 voces destacadas. Selección y estudio de Ruth Fernández - (Antología)
  • 1995 - Veinte voces de Buenos Aires, de Florencia Durán - (Antología)
  • 1994 - Con el sol en las manos - (Poesía)
  • 1991 - El cantar de las palabras - (Antología)
  • 1990 - Disonancia del bronce en Makhac-Kala - (Poesía)
  • 1989 - Poetas hispanoamericanas contemporáneas, de Oscar Abel Ligaluppi - (Antología)
  • 1986 - Exilio para no morir - (Poesía)
  • 1977 - Misteriosa magia - (Poesía)
  • Un día como hoy en 1964 muere Ezequiel Martínez Estrada

    4 de noviembre de 1964 - Muere Ezequiel Martínez Estrada

    ¿Quién es la autora del cuento ''La cena''?

    Marcos Silber

    Marcos Silber

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Gacela de la terrible presencia

    Yo quiero que el agua se quede sin cauce,
    yo quiero que el viento se quede sin valles.

    Quiero que la noche se quede sin ojos
    y mi corazón sin flor del oro;

    que los bueyes hablen con las grandes hojas
    y que la lombriz se muera de sombra;

    que brillen los dientes de la calavera
    y los amarillos inunden la seda.

    Puedo ver el duelo de la noche herida
    luchando enroscada con el mediodía.

    Resiste un ocaso de verde veneno
    y los arcos rotos donde sufre el tiempo.

    Pero no ilumines tu limpio desnudo
    como un negro cactus abierto en los juncos.

    Déjame en un ansia de oscuros planetas,
    pero no me enseñes tu cintura fresca.

    Federico García Lorca

    Diván del Tamarit (1936)
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