En la otra puerta

Artistas, locos y criminales

Artistas, locos y criminales, de Osvaldo Soriano

Osvaldo Soriano

1984 - Novela

"Entré a trabajar en La Opinión una semana antes de la aparición de su primer número, en mayo de 1971, y me quedé hasta mediados del 74, cuando la atmósfera ya era irrespirable por la caza de brujas. El paso por ese diario fue, para mí, una suerte de laboratorio donde tracé los borradores de mi primera novela, Triste, solitario y final, y me acerqué al estilo despojado de la segunda, No habrá más pena ni olvido. Sin duda hay, en los textos aquí reunidos, señales que anticipan y acompañan aquellas novelas. A mí me permiten ver el camino recorrido desde que, una mañana de 1969, llegué de Tandil a una pensión de la Avenida de Mayo para trabajar en el periodismo de Buenos Aires."

Osvaldo Soriano

Obras de Osvaldo Soriano

  • 2006 - Arqueros, ilusionistas y goleadores - (Relatos)
  • 1997 - Piratas, fantasmas y dinosaurios - (Novela)
  • 1995 - La hora sin sombra - (Novela)
  • 1993 - Cuentos de los años felices - (Cuentos)
  • 1992 - El ojo de la patria - (Novela)
  • 1990 - Una sombra ya pronto serás - (Novela)
  • 1988 - Rebeldes,soñadores y fugitivos - (Cuento)
  • 1986 - A sus plantas rendido un león - (Novela)
  • 1984 - Artistas, locos y criminales - (Novela)
  • 1980 - No habrá más penas ni olvido - (Novela)
  • 1980 - Cuarteles de invierno - (Novela)
  • 1973 - Triste, solitario y final - (Novela)
  • Un día como hoy en 1902 nace Luis Cernuda

    21 de septiembre de 1902 - Nace Luis Cernuda

    ¿Quién es el autor del poema Santos Vega?

    Entrevista a una mujer de las letras

    Entrevista a una mujer de las letras

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Caminos

    De la ciudad moruna
    tras las murallas viejas,
    yo contemplo la tarde silenciosa,
    a solas con mi sombra y con mi pena.

    El río va corriendo,
    entre sombrías huertas
    y grises olivares,
    por los alegres campos de Baeza

    Tienen las vides pámpanos dorados
    sobre las rojas cepas.
    Guadalquivir, como un alfanje roto
    y disperso, reluce y espejea.

    Lejos, los montes duermen
    envueltos en la niebla,
    niebla de otoño, maternal; descansan
    las rudas moles de su ser de piedra
    en esta tibia tarde de noviembre,
    tarde piadosa, cárdena y violeta.

    El viento ha sacudido
    los mustios olmos de la carretera,
    levantando en rosados torbellinos
    el polvo de la tierra.
    La luna está subiendo
    amoratada, jadeante y llena.

    Los caminitos blancos
    se cruzan y se alejan,
    buscando los dispersos caseríos
    del valle y de la sierra.
    Caminos de los campos...
    ¡Ay, ya, no puedo caminar con ella!

    Antonio Machado

    Campos de Castilla (1912)
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