El espejo de fuego

Leopoldo Castilla

1968 - Poesía

Obras de Leopoldo Castilla

  • 1968 - El espejo de fuego
  • 1971 - La lámpara en la lluvia
  • 1974 - Generación terrestre
  • 1975 - Odilón
  • 1982 - Versión de la materia
  • 1984 - La luz naranja
  • 1985 - Campo de prueba
  • 1987 - Nueva poesía argentina
  • 1988 - Poesía argentina actual
  • 1990 - Diario en la Perestroika
  • 1991 - Teorema natural
  • 1995 - Baniano
  • 1999 - El árbol de la copla
  • 2001 - Nunca
  • 2001 - Antología Poética
  • 2002 - Libro de Egipto
  • 2004 - Bambú
  • 2004 - Línea de Fuga
  • Un día como hoy en 1844 nace Anatole France

    16 de abril de 1844

    Nace Anatole France
    Anatole France es el seudónimo de Jacques Anatole François Thibault, novelista y premio Nobel francés, considerado frecuentemente como el mejor escritor francés de finales del siglo XIX y principios del XX

    ¿Quién es el autor del poema Santos Vega?

    Entrevista a la escritora Genma Sánchez Mugarra

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    Ignacio Xurxo y Humberto Constantini, dos amigos escritores

    Ignacio Xurxo y Humberto Constantini, dos amigos escritores

    Por Edgardo Lois

    El poema de hoy

    Barrio sin luz

    ¿Se va la poesía de las cosas
    o no la puede condensar mi vida?
    Ayer —mirando el último crepúsculo—
    yo era un manchón de musgo entre unas ruinas.

    Las ciudades —hollines y venganzas—,
    la cochinada gris de los suburbios,
    la oficina que encorva las espaldas,
    el jefe de ojos turbios.

    Sangre de un arrebol sobre los cerros,
    sangre sobre las calles y las plazas,
    dolor de corazones rotos,
    podre de hastíos y de lágrimas.

    Un río abraza el arrabal
    como una mano helada que tienta en las tinieblas:
    sobre sus aguas se avergüenzan
    de verse las estrellas.

    Y las casas que esconden los deseos
    detrás de las ventanas luminosas,
    mientras afuera el viento
    lleva un poco de barro a cada rosa.

    Lejos... la bruma de las olvidanzas
    —humos espesos, tajamares rotos—,
    y el campo, ¡el campo verde!, en que jadean
    los bueyes y los hombres sudorosos.

    Y aquí estoy yo, brotado entre las ruinas,
    mordiendo solo todas las tristezas,
    como si el llanto fuera una semilla
    y yo el único surco de la tierra.

    Pablo Neruda

    Crepusculario (1923)
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