El árbol de la copla

Leopoldo Castilla

1999 - Poesía

Obras de Leopoldo Castilla

  • 1968 - El espejo de fuego
  • 1971 - La lámpara en la lluvia
  • 1974 - Generación terrestre
  • 1975 - Odilón
  • 1982 - Versión de la materia
  • 1984 - La luz naranja
  • 1985 - Campo de prueba
  • 1987 - Nueva poesía argentina
  • 1988 - Poesía argentina actual
  • 1990 - Diario en la Perestroika
  • 1991 - Teorema natural
  • 1995 - Baniano
  • 1999 - El árbol de la copla
  • 2001 - Nunca
  • 2001 - Antología Poética
  • 2002 - Libro de Egipto
  • 2004 - Bambú
  • 2004 - Línea de Fuga
  • Un día como hoy en 1844 nace Anatole France

    16 de abril de 1844

    Nace Anatole France
    Anatole France es el seudónimo de Jacques Anatole François Thibault, novelista y premio Nobel francés, considerado frecuentemente como el mejor escritor francés de finales del siglo XIX y principios del XX

    ¿Quién es el autor de la novela ''El Pozo''?

    Entrevista a una mujer de las letras

    Entrevista a una mujer de las letras

    La melancolía y la literatura

    La melancolía y la literatura

    Por Delfina Acosta

    El poema de hoy

    La muerte de la luna

    En el parque confuso
    Que con lánguidas brisas el cielo sahúma,
    El ciprés, como un huso,
    Devana un ovillo de de bruma.
    El telar de la luna tiende en plata su urdimbre;
    Abandona la rada un lúgubre corsario,
    Y después suena un timbre
    En el vecindario.

    Sobre el horizonte malva
    De una mar argentina,
    En curva de frente calva
    La luna se inclina,
    O bien un vago nácar disemina
    Como la valva
    De una madreperla a flor del agua marina.

    Un brillo de lóbrego frasco
    Adquiere cada ola,
    Y la noche cual enorme peñasco
    Va quedándose inmensamente sola.

    Forma el tic-tac de un reloj accesorio,
    La tela de la vida, cual siniestro pespunte.
    Flota en la noche de blancor mortuorio
    Una benzoica insispidez de sanatorio,
    Y cada transeúnte
    Parece una silueta del Purgatorio.

    Con emoción prosaica,
    Suena lejos, en canto de lúgubre alarde,
    Una voz de hombre desgraciado, en que arde
    El calor negro del rom de Jamaica.
    Y reina en el espíritu con subconsciencie arcaica,
    El miedo de lo demasiado tarde.

    Tras del horizonte abstracto,
    Húndese al fin la luna con lúgubre abandono,
    Y las tinieblas palpan como el tacto
    De un helado y sombrío mono.
    Sobre las lunares huellas,
    A un azar de eternidad y desdicha,
    Orión juega su ficha
    En problemático dominó de estrellas.

    El frescor nocturno
    Triunfa de tu amoroso empeño,
    Y domina tu frente con peso taciturno
    El negro racimo del sueño.
    En el fugaz desvarío
    Con que te embargan soñadas visiones,
    Vacilan las constelaciones;
    Y en tu sueño formado de aroma y de estío,
    Flota un antiguo cansancio
    De Bizancio...

    Languideciendo en la íntima baranda,
    Sin ilusión alguna
    Contestas a mi trémula demanda.
    Al mismo tiempo que la luna,
    Una gran perla se apaga en tu meñique;
    Disipa la brisa retardados sonrojos;
    Y el cielo como una barca que se va a pique,
    Definitivamente naufraga en tus ojos.

    Leopoldo Lugones

    Lunario sentimental (1909)
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