Himno de pólvora

Raúl González Tuñón

1943 - Poesía

Obras de Raúl González Tuñón

  • 1926 - El violín del diablo
  • 1928 - Miércoles de ceniza
  • 1930 - La calle del agujero en la media
  • 1934 - El otro lado de la estrella
  • 1934 - Todos bailan (poemas de Juancito Caminador)
  • 1936 - La rosa blindada
  • 1936 - Ocho documentos de hoy
  • 1938 - Las puertas del fuego
  • 1939 - La muerte en Madrid
  • 1941 - Canciones del tercer frente
  • 1941 - A nosotros la poesía
  • 1941 - Las islas
  • 1941 - Caprichos de Juancito Caminador
  • 1943 - Himno de pólvora
  • 1945 - Primer Canto Argentino
  • 1952 - Hay alguien que está esperando
  • 1954 - Todos los hombres del mundo son hermanos
  • 1957 - A la sombra de los barrios amados
  • 1963 - Demanda contra el olvido
  • 1965 - Poemas para el atril de una pianola
  • 1969 - El rumbo de las islas perdidas
  • 1977 - El banco de la plaza
  • Un día como hoy en 1844 nace Anatole France

    16 de abril de 1844

    Nace Anatole France
    Anatole France es el seudónimo de Jacques Anatole François Thibault, novelista y premio Nobel francés, considerado frecuentemente como el mejor escritor francés de finales del siglo XIX y principios del XX

    ¿Qué poeta argentino recibió el Premio Nacional de Poesía en 1997?

    María del Carmen Suárez

    María del Carmen Suárez

    María del Carmen Suárez: Eva en el espejo. Una novela inolvidable

    María del Carmen Suárez: Eva en el espejo. Una novela inolvidable

    Por Norma Pérez Martín

    El poema de hoy

    Muertes de Buenos Aires

    I

    La Chacarita

    Porque la entraña del cementerio del sur
    fue saciada por la fiebre amarilla hasta decir basta;
    porque los conventillos hondos del sur
    mandaron muerte sobre la cara de Buenos Aires
    y porque Buenos Aires no pudo mirar esa muerte,
    a paladas te abrieron
    en la punta perdida del oeste,
    detrás de las tormentas de tierra
    y del barrial pesado y primitivo que hizo a los cuarteadores.

    Allí no había mas que el mundo
    y las costumbres de las estrellas sobre unas chacras,
    y el tren salía de un galón en Bermejo
    con los olvidos de la muerte:
    muertos de barba derrumbada y ojos en vela,
    muertas de carne desalmada y sin magia.

    Trapacerías de la muerte -sucia como el nacimiento del hombre-
    siguen multiplicando tu subsuelo y asi reclutas
    tu conventillo de ánimas, tu montonera clandestina de huesos
    que caen al fondo de tu noche enterrada
    lo mismo que a la hondura del mar.

    Una dura vegetación de sobras en pena
    hace fuerza contra tus paredones interminables
    cuyo sentido es la perdición,
    y convencidas de mortalidad las orillas
    apuran su caliente vida a tus pies
    en calles traspasadas por una llamarada baja de barro
    o se aturden con desgano de bandoneones
    o con balidos de cornetas sonsas de carnaval.

    (El fallo de destino más para siempre,
    que dura en mí lo escuche esa noche en tu noche
    cuando la guitarra bajo la mano del orillero
    dijo lo mismo que las palabras, y ellas decían:
    La muerte es vida vivida
    la vida es muerte que viene;
    la vida no es otra cosa
    que muerte que anda luciendo.)

    Mono del cementerio, la Quema
    gesticula advenediza muerte a tus pies.
    Gastamos y enfermamos la realidad: 210 carros
    infaman las mañanas, llevando
    a esa necrópolis de humo
    las cotidianas cosas que hemos contagiado de muerte.

    Cúpulas estrafalarias de madera y cruces en alto
    se mueven -piezas negras de un ajedrez final- por tus calles
    y su achacosa majestad va encubriendo
    las vergüenzas de nuestras muertes.

    En tu disciplinado recinto
    la muerte es incolora, hueca, numérica;
    se disminuye a fechas y a nombres,
    muertes de la palabra.

    Chacarita:
    desaguadero de esa patria de Buenos Aires, cuesta final,
    barrio que sobrevives a los otros, que sobremueres,
    lazareto que estas en esta muerte no en la otra vida,
    he oído tu palabra de caducidad y no creo en ella,
    porque tu misma convicción de angustia es acto de vida
    y porque la plenitud de una sola rosa es más que
    tus mármoles.

    II

    La Recoleta

    Aquí es pundonorosa la muerte
    aquí es la recatada muerte porteña,
    la consanguínea de la duradera luz venturosa
    del atrio del Socorro
    y de la ceniza minuciosa de los braseros
    y del fino dulce de leche de los cumpleaños
    y de las hondas dinastías de los patios.
    Se acuerdan bien con ella
    esas viejas dulzuras y también los viejos rigores.

    Tu frente es el pórtico valeroso
    y la generosidad de ciego del árbol
    y la dicción de pájaros que aluden, sin saberla, a la muerte
    y el redoble, endiosador de pechos, de los tambores
    en los entierros militares;
    tu espalda, los tácitos convetillos del norte
    y el paredón de las ejecuciones de Rosas.

    Crece en disolución bajo los sufragios de mármol
    la nación irrepresentable de los muertos
    que se deshumanizaron en tu tiniebla
    desde que María de los Dolores Maciel, niña del Uruguay
    -simiente de tu jardín para el cielo-
    se durmió, tan poca cosa, en tu descampado.

    Pero yo quiero demorarme en el pensamiento
    de las livianas flores que son tu comentario piadoso
    -suelo amarillo bajo las acacias de tu costado,
    flores izadas a conmemoración en tus mausoleos-
    y el porqué de su vivir gracioso y dormido
    junto a las terribles reliquias de los que amamos.

    Dije el enigma y diré también su palabra:
    siempre las flores vigilaron la muerte,
    porque siempre los hombres incomprensiblemente supimos
    que su existir dormido y gracioso
    es el que mejor puede acompañar a los que murieron
    sin ofenderlos con soberbia de vida,
    sin ser mas vida que ellos.

    Jorge Luis Borges

    Cuaderno de San Martín (1929)
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