En la otra puerta

Las islas

Raúl González Tuñón

1941 - Poesía

Obras de Raúl González Tuñón

  • 1977 - El banco de la plaza - (Poesía)
  • 1969 - El rumbo de las islas perdidas - (Poesía)
  • 1965 - Poemas para el atril de una pianola - (Poesía)
  • 1963 - Demanda contra el olvido - (Poesía)
  • 1957 - A la sombra de los barrios amados - (Poesía)
  • 1954 - Todos los hombres del mundo son hermanos - (Poesía)
  • 1952 - Hay alguien que está esperando - (Poesía)
  • 1945 - Primer Canto Argentino - (Poesía)
  • 1943 - Himno de pólvora - (Poesía)
  • 1941 - Caprichos de Juancito Caminador - (Poesía)
  • 1941 - Las islas - (Poesía)
  • 1941 - A nosotros la poesía - (Poesía)
  • 1941 - Canciones del tercer frente - (Poesía)
  • 1939 - La muerte en Madrid - (Poesía)
  • 1938 - Las puertas del fuego - (Poesía)
  • 1936 - Ocho documentos de hoy - (Poesía)
  • 1936 - La rosa blindada - (Poesía)
  • 1934 - Todos bailan (poemas de Juancito Caminador) - (Poesía)
  • 1934 - El otro lado de la estrella - (Poesía)
  • 1930 - La calle del agujero en la media - (Poesía)
  • 1928 - Miércoles de ceniza - (Poesía)
  • 1926 - El violín del diablo - (Poesía)
  • Un día como hoy en 1931 muere Juan Zorrilla de San Martín

    3 de noviembre de 1931 - Muere Juan Zorrilla de San Martín

    ¿En cuál de las obras de Florencio Sánchez se desarrolla la historia de Don Olegario y su hijo, Julio?

    Entrevista a una mujer de las letras

    Entrevista a una mujer de las letras

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    La cuarta elegía (frag.)

    Ángel y títere: entonces
    hay un espectáculo por fin,
    Entonces se reconcilia lo que incesantemente
    desunimos, en tanto que existimos aquí. Entonces
    surge
    de nuestras estaciones solamente el ciclo
    de la transformación total. Por encima de nosotros
    actúa entonces el ángel. Mira, los moribundos,
    ¿no debían de sospechar que todo lo que hacemos
    está lleno de pretextos? Ninguna cosa
    es en sí misma. ¡Oh, horas de la infancia,
    cuando tras las figuras había más
    que el mero pasado, y no el porvenir ante nosotros!
    Por cierto, crecíamos y a veces nos apresurábamos
    a ser pronto mayores, en parte por amor
    a los que no tenía otra cosa que su mayor
    estatura.
    Y, a pesar de todo, en nuestro andar de solitarios,
    nos placía lo durable, y seguíamos allí, erguidos,
    en lo intervalos de espacio entre mundo y juguete,
    en un lugar que desde los comienzos
    fuera fundado para un puro acontecer.

    ¿Quién puede mostrarnos a un niño tal cual es?
    ¿Quién lo subirá
    a las estrellas y le pondrá en sus manos
    la medida de la distancia? ¿Quién elabora la
    muerte del niño
    con ese pan oscuro que se endurece, o la deja
    dentro
    de su boca redonda, tal como el corazón
    de una bella manzana?... Los asesinos
    son fáciles de presentir. Pero esto:
    albergar la muerte, toda la muerte,
    aun antes de la vida, tan dulcemente y sin enfado
    eso es indescriptible.

    Rainer María Rilke

    Elegías de Duino (1922)
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