En la otra puerta

La cruz invertida

Marcos Aguinis

1970 - Novela

Planeta

Obras de Marcos Aguinis

  • 2005 - ¿Qué hacer? Bases para el renacimiento argentino - (Ensayo)
  • 2003 - Las redes del odio. Recursos para desactivar la violencia - (Ensayo)
  • 2002 - Asalto al paraíso - (Novela)
  • 2001 - Un país de novela. Viaje hacia la mentalidad de los argentinos. - (Ensayo)
  • 2001 - El atroz encanto de ser argentinos - (Ensayo)
  • 2000 - Los iluminados - (Novela)
  • 1997 - La matriz del infierno - (Novela)
  • 1996 - Nueva carta esperanzada a un General - (Ensayo)
  • 1995 - Todos los cuentos - (Cuento)
  • 1993 - Elogio de la culpa - (Ensayo)
  • 1991 - La gesta del marrano - (Novela)
  • 1986 - Y la rama llena de frutos - (Cuento)
  • 1986 - Importancia por contacto - (Cuento)
  • 1985 - El valor de escribir - (Ensayo)
  • 1983 - Carta esperanzada a un General. Puente sobre el abismo - (Ensayo)
  • 1978 - La conspiración de los idiotas - (Novela)
  • 1978 - Profanación del amor - (Novela)
  • 1977 - Operativo siesta - (Cuento)
  • 1972 - Cantata de los diablos - (Novela)
  • 1971 - El combate perpetuo. Una biografía admirable con ritmo de novela - (Biografía)
  • 1970 - La cruz invertida - (Novela)
  • 1969 - Refugiados: crónica de un Palestino - (Novela)
  • 1963 - Maimonides. Un sabio de avanzada - (Biografía)
  • Un día como hoy en 1902 nace Luis Cernuda

    21 de septiembre de 1902 - Nace Luis Cernuda

    ¿A qué cuento pertenece la inolvidable frase ''Ésto lo estoy tocando mañana''?

    Fernando Sorrentino: ''La narrativa es el arte de inventar mentiras verosímiles''

    Fernando Sorrentino: ''La narrativa es el arte de inventar mentiras verosímiles''

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Amor América

    Antes de la peluca y la casaca fueron los ríos, ríos arteriales; fueron las cordilleras, en cuya onda raída el cóndor o la nieve parecían inmóviles; fue la humedad y la espesura, el trueno sin nombre todavía, las pampas planetarias. El hombre tierra fue, vasija, párpado del barro trémulo, forma de la arcilla; fue cántaro caribe, piedra chibcha, copa imperial o sílice araucana. Tierno y sangriento fue, pero en la empuñadura de su arma de cristal humedecida, las iniciales de la tierra estaban escritas. Nadie pudo recordarlas después: el viento las olvidó, el idioma del agua fue enterrado, las claves se perdieron o se inundaron de silencio o sangre. No se perdió la vida, hermanos pastorales. Pero como una rosa salvaje cayó una gota roja en la espesura, y se apagó una lámpara de tierra. Yo estoy aquí para contar la historia. Desde la paz del búfalo hasta las azotadas arenas de la tierra final, en las espumas acumuladas de la luz antártica, y por las madrigueras despeñadas de la sombría paz venezolana, te busqué, padre mío, joven guerrero de tiniebla y cobre, o tú, planta nupcial, cabellera indomable, madre caimán, metálica paloma. Yo, incásico del légamo, toqué la piedra y dije: ¿Quién me espera? Y apreté la mano sobre un puñado de cristal vacío. Pero anduve entre flores zapotecas, y dulce era la luz como un venado, y era la sombra como un párpado verde. Tierra mía sin nombre, sin América, estambre equinoccial, lanza de púrpura, tu aroma me trepó por raíces hasta la copa que bebía, hasta la más delgada palabra aún no nacida de mi boca.

    Pablo Neruda

    Canto general (1950)
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