Asesinos de los días de fiesta

Marco Denevi

Marco Denevi

1980 - Novela

Esta novela descubre hontanares insólitos de la naturaleza humana y hurga en la psicología de personajes que actúan y narran en conjunto sus experiencias nada frecuentes pero, sin duda, profundamente humanas. Ese narrador plural, que por momentos parece despersonalizado, no es más que el recurso de que se vale el autor para hacer que todos y cada uno de "los asesinos" relaten hechos insólitos con su visión singular y certera.

Obras de Marco Denevi

  • 1955 - Rosaura a las diez
  • 1957 - Los expedientes
  • 1959 - El emperador de la China
  • 1960 - Ceremonia secreta
  • 1962 - El cuarto de la noche
  • 1966 - Falsificaciones
  • 1966 - Un pequeño café
  • 1970 - Parque de diversiones
  • 1972 - Los asesinos de los días de fiesta
  • 1974 - Salón de lectura
  • 1975 - Los locos y los cuerdos
  • 1978 - El emperador de la China y otros cuentos
  • 1979 - Reunión de desaparecidos
  • 1980 - Asesinos de los días de fiesta
  • 1985 - Manuel de historia
  • 1986 - Enciclopedia secreta de una familia argentina
  • 1989 - La República de Trapalanda
  • 1991 - Música de amor perdido
  • 1991 - Hierba del cielo
  • 1992 - El jardín de las delicias
  • 1993 - El amor es un pájaro rebelde
  • 1997 - Nuestra Señora de la noche
  • 1998 - Cuentos selectos
  • 1998 - Una familia argentina
  • Un día como hoy en 1844 nace Anatole France

    16 de abril de 1844

    Nace Anatole France
    Anatole France es el seudónimo de Jacques Anatole François Thibault, novelista y premio Nobel francés, considerado frecuentemente como el mejor escritor francés de finales del siglo XIX y principios del XX

    ¿Con qué seudónimo firmó Cortázar su libro de poemas Presencia?

    Entrevista a Osvaldo Bayer

    Entrevista a Osvaldo Bayer

    La melancolía y la literatura

    La melancolía y la literatura

    Por Delfina Acosta

    El poema de hoy

    Rosas

    En la sala tranquila
    cuyo reloj austero derrama
    un tiempo ya sin aventuras ni asombro
    sobre la decente blancura
    que amortaja la pasión roja de la caoba,
    alguien, como reproche cariñoso,
    pronunció el nombre familiar y temido.

    La imagen del tirano
    abarrotó el instante,
    no clara como un mármol en la tarde,
    sino grande y umbría
    como la sombra de una montaña remota
    y conjeturas y memorias
    sucedieron a la mención eventual
    como un eco insondable.

    Famosamente infame
    su nombre fue desolación de las casas,
    idolátrico amor en el gauchaje
    y horror del tajo en la garganta.

    Hoy el olvido borra su censo de muertes,
    porque son venales las muertes
    si las pensamos como parte del Tiempo,
    es inmortalidad infatigable
    que anonada con silenciosa culpa las razas
    y en cuya herida siempre abierta
    que el último dios habrá de restañar el último día,
    cabe toda la sangre derramada.

    No se si Rosas
    fue sólo un ávido puñal como los abuelos decían;
    creo que fue como tu y yo
    un hecho entre los hechos
    que vivió en la zozobra cotidiana
    y dirigió para exaltaciones y penas
    la incertidumbre de otros.

    Ahora el mar es una larga separación
    entre la ceniza y la patria.

    Ya toda vida, por humilde que sea,
    puede pisar su nada y su noche.

    Ya Dios lo habrá olvidado
    y es menos una injuria que una piedad
    demorar su infinita disolución
    con limosnas de odio.

    Jorge Luis Borges

    Fervor de Buenos Aires (1923)
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