En la otra puerta

Potencia del símbolo en la obra de Luisa Mercedes Levinson

Potencia del símbolo en la obra de Luisa Mercedes Levinson, de María del Carmen Suárez

María del Carmen Suárez

1993 - Ensayo

"Aspereza de la tierra oscura, abriéndose en grietas de desesperada sequía, de pantanos que succionan y ahogan y sin embargo era necesario hundirse más, más, sin llegar a tocar fondo, sólo el túnel largo del grito"

Luisa Mercedes Levinson


La obra de Luisa Mercedes Levinson tiene la fuerza y el misterio de la transfiguración de los hechos por medio de símbolos.

Sus códigos movilizan antiguas formas, recrean mitos situándolos en el mundo moderno. Contraparte de quiebra o fragmentación, la escritora unifica, consolida mediante la potencia del lenguaje simbólico, en el sentido que a éste le otorga René Guénon, es decir, expresión del conocimiento metafísico, forma indirecta de traducción de la realidad última. Ella ha confiado en el lenguaje como mediatizador, espacio donde todo confluye y se producen los milagros.

María del Carmen Suárez

Obras de María del Carmen Suárez

  • 2009 - Las gordas - (Novela)
  • 2004 - Eva en el espejo - (Novela)
  • 2002 - Cuerpo imaginario - (Poesía)
  • 1993 - Potencia del símbolo en la obra de Luisa Mercedes Levinson - (Ensayo)
  • 1988 - Posesión natural (Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores) - (Poesía)
  • 1982 - Entendimiento de los cuerpos - (Poesía)
  • 1976 - Voracidad del sonido - (Poesía)
  • 1972 - Los dientes del lobo - (Poesía)
  • 1970 - El bosque de fuego - (Poesía)
  • 1967 - La noche y los maleficios (Premio del Fondo Nacional de las Artes) - (Poesía)
  • 1964 - Desde Buenos Aires - (Poesía)
  • ¿En cuál de las obras de Florencio Sánchez se desarrolla la historia de Don Olegario y su hijo, Julio?

    Un hombre que camina la poesía

    Un hombre que camina la poesía

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Gacela de la terrible presencia

    Yo quiero que el agua se quede sin cauce,
    yo quiero que el viento se quede sin valles.

    Quiero que la noche se quede sin ojos
    y mi corazón sin flor del oro;

    que los bueyes hablen con las grandes hojas
    y que la lombriz se muera de sombra;

    que brillen los dientes de la calavera
    y los amarillos inunden la seda.

    Puedo ver el duelo de la noche herida
    luchando enroscada con el mediodía.

    Resiste un ocaso de verde veneno
    y los arcos rotos donde sufre el tiempo.

    Pero no ilumines tu limpio desnudo
    como un negro cactus abierto en los juncos.

    Déjame en un ansia de oscuros planetas,
    pero no me enseñes tu cintura fresca.

    Federico García Lorca

    Diván del Tamarit (1936)
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