Dos poemas

Baldomero Fernández Moreno

1935 - Poesía

Obras de Baldomero Fernández Moreno

  • 1915 - Las iniciales del misal
  • 1916 - Intermedio provinciano
  • 1917 - Ciudad
  • 1918 - Por el amor y por ella
  • 1919 - Campo argentino
  • 1920 - Versos de negrita
  • 1921 - Nuevos poemas
  • 1922 - Mil novecientos veintidos
  • 1923 - El hogar en el campo
  • 1925 - Aldea española
  • 1926 - El hijo
  • 1928 - Décimas
  • 1928 - Poesías
  • 1929 - Sonetos
  • 1929 - Último cofre de negrita
  • 1931 - Cuadernillo de verano
  • 1935 - Dos poemas
  • 1936 - Romances
  • 1936 - Seguidillas
  • 1938 - Penumbra
  • 1938 - Continuación
  • 1941 - Yo, médico; yo, catedrático
  • 1941 - Buenos Aires: ciudad, pueblo, campo
  • 1941 - Tres poemas de amor
  • 1942 - Sonetos cristianos
  • Un día como hoy en 1844 nace Anatole France

    16 de abril de 1844

    Nace Anatole France
    Anatole France es el seudónimo de Jacques Anatole François Thibault, novelista y premio Nobel francés, considerado frecuentemente como el mejor escritor francés de finales del siglo XIX y principios del XX

    ¿Cuál es el nombre del protagonista de la novela ''Trafalgar'', de Benito Pérez Galdós?

    Entrevista al escritor holandés Herman Koch

    Entrevista al escritor holandés Herman Koch

    Sociedad & literatura

    Sociedad & literatura

    Por Delfina Acosta

    El poema de hoy

    Cristo en la cruz

    Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.
    Los tres maderos son de igual altura.
    Cristo no está en el medio. Es el tercero.
    La negra barba pende sobre el pecho.
    El rostro no es el rostro de las láminas.
    Es áspero y judío. No lo veo
    y seguiré buscándolo hasta el día
    último de mis pasos por la tierra.
    El hombre quebrantado sufre y calla.
    La corona de espinas lo lastima.
    No lo alcanza la befa de la plebe
    que ha visto su agonía tantas veces.
    La suya o la de otro. Da lo mismo.
    Cristo en la cruz. Desordenadamente
    piensa en el reino que tal vez lo espera,
    piensa en una mujer que no fue suya.
    No le está dado ver la teología,
    la indescifrable Trinidad, los gnósticos,
    las catedrales, la navaja de Occam,
    la púrpura, la mitra, la liturgia,
    la conversión de Guthrum por la espada,
    la inquisición, la sangre de los mártires,
    las atroces Cruzadas, Juana de Arco,
    el Vaticano que bendice ejércitos.
    Sabe que no es un dios y que es un hombre
    que muere con el día. No le importa.
    Le importa el duro hierro con los clavos.
    No es un romano. No es un griego. Gime.
    Nos ha dejado espléndidas metáforas
    y una doctrina del perdón que puede
    anular el pasado. (Esa sentencia
    la escribió un irlandés en una cárcel.)
    El alma busca el fin, apresurada.
    Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto.
    Anda una mosca por la carne quieta.
    ¿De qué puede servirme que aquel hombre
    haya sufrido, si yo sufro ahora?

    Jorge Luis Borges

    Los conjurados (1985)
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