Viñas denuncia en esta novela el mito de la adolescencia porteña. No hay simulación en su empresa sino una posición de contemplador lúcido y descarnado. Implacable a veces. No parodia. No mete palabras falsamente encantadoras en esos muchachitos que son verdaderos personajes, nítidamente recortados, capaces de melancolía, de reflexiones, de juicios, de decepciones. No hay nada grotesco ni deliberadamente amable. No nos adula como lo deseamos secretamente cuando leemos un libro, por el contrario nos sugiere que hay·algo podrido en Dinamarca.
Respiré aire vacío de aire
Vacío de tierra vacío de arena
Vacío de vida
Respiré sin saber que respiraba
No ves que tengo los pulmones secos
Secos de aire secos de nada
Una brisa hizo un doblez en cada uno
Y los cubrió bajo la almohada
Ahora sueña con lluvia y truenos y relámpagos
Ahora suspira de espanto
Un rayo le abre la boca y le quita el aire
El último aire vacío de aire
Sueño que a la almohada hago un doblez
Y apoyo mi cabeza
Vacía de vida