Viñas denuncia en esta novela el mito de la adolescencia porteña. No hay simulación en su empresa sino una posición de contemplador lúcido y descarnado. Implacable a veces. No parodia. No mete palabras falsamente encantadoras en esos muchachitos que son verdaderos personajes, nítidamente recortados, capaces de melancolía, de reflexiones, de juicios, de decepciones. No hay nada grotesco ni deliberadamente amable. No nos adula como lo deseamos secretamente cuando leemos un libro, por el contrario nos sugiere que hay·algo podrido en Dinamarca.
Sueño con el presente en sepia
Con la sal del verso
Con la sed que grita
Sueño con el sueño espeso
Con la ceniza que moja cuando cae
No volveré al sur de los ojos
Al ritual del pelo
A la lava de los labios
En este tiempo de novelas
Puedo descubrirte entre renglones
Leerte entre líneas
Unirte con dos palabras
Soledad