En la otra puerta

Cantos a Berenice

Olga Orozco

1977 - Poesía

Sudamericana

Textos para leer de Cantos a Berenice

  • Poema II (Poesía)
  • Obras de Olga Orozco

  • 1998 - Eclipses y fulgores - (Antología)
  • 1997 - Relámpagos de lo invisible - (Antología)
  • 1995 - También luz es un abismo - (Relato)
  • 1994 - Con esta boca, en este mundo - (Poesía)
  • 1987 - En el revés del cielo - (Poesía)
  • 1984 - La noche a la deriva - (Poesía)
  • 1979 - Mutaciones de la realidad - (Poesía)
  • 1977 - Cantos a Berenice - (Poesía)
  • 1974 - Museo salvaje - (Poesía)
  • 1967 - La oscuridad es otro sol - (Relato)
  • 1962 - Los juegos peligrosos - (Poesía)
  • 1951 - Las muertes - (Poesía)
  • 1946 - Desde lejos - (Poesía)
  • ¿Qué cuento de Cortázar comienza con la siguiente frase: ''Me ocurría a veces que todo se dejaba andar, se ablandaba y cedía terreno, aceptando sin resistencia que se pudiera ir así de una cosa a otra.''

    Un hombre que camina la poesía

    Un hombre que camina la poesía

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Amor América

    Antes de la peluca y la casaca fueron los ríos, ríos arteriales; fueron las cordilleras, en cuya onda raída el cóndor o la nieve parecían inmóviles; fue la humedad y la espesura, el trueno sin nombre todavía, las pampas planetarias. El hombre tierra fue, vasija, párpado del barro trémulo, forma de la arcilla; fue cántaro caribe, piedra chibcha, copa imperial o sílice araucana. Tierno y sangriento fue, pero en la empuñadura de su arma de cristal humedecida, las iniciales de la tierra estaban escritas. Nadie pudo recordarlas después: el viento las olvidó, el idioma del agua fue enterrado, las claves se perdieron o se inundaron de silencio o sangre. No se perdió la vida, hermanos pastorales. Pero como una rosa salvaje cayó una gota roja en la espesura, y se apagó una lámpara de tierra. Yo estoy aquí para contar la historia. Desde la paz del búfalo hasta las azotadas arenas de la tierra final, en las espumas acumuladas de la luz antártica, y por las madrigueras despeñadas de la sombría paz venezolana, te busqué, padre mío, joven guerrero de tiniebla y cobre, o tú, planta nupcial, cabellera indomable, madre caimán, metálica paloma. Yo, incásico del légamo, toqué la piedra y dije: ¿Quién me espera? Y apreté la mano sobre un puñado de cristal vacío. Pero anduve entre flores zapotecas, y dulce era la luz como un venado, y era la sombra como un párpado verde. Tierra mía sin nombre, sin América, estambre equinoccial, lanza de púrpura, tu aroma me trepó por raíces hasta la copa que bebía, hasta la más delgada palabra aún no nacida de mi boca.

    Pablo Neruda

    Canto general (1950)
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