En la otra puerta

Cuentos de amor, de locura y de muerte

Horacio Quiroga

Horacio Quiroga

1917 - Cuento

En estos cuentos, el misterio es amo y señor aunque siempre inmerso en situaciones cotidianas, lo que aumenta el impacto. La locura y el amor se entrelazan de manera constante, para llevar indefectiblemente a la muerte. Sus relatos, cargados de una violencia implícita, producen una asfixiante tensión que sólo se ve liberada con el más imprevisto de los finales. El marco selvático y salvaje de la Misiones que él conoció, enmarcan sus historias.

Textos para leer de Cuentos de amor, de locura y de muerte

  • A la deriva (Cuento)
  • El almohadón de plumas (Cuento)
  • El espectro (Cuento)
  • El hombre muerto (Cuento)
  • La gallina degollada (Cuento)
  • La insolación (Cuento)
  • La mancha hiptálmica (Cuento)
  • La miel silvestre (Cuento)
  • La muerte de Isolda (Cuento)
  • Los Mensú (Cuento)
  • Más allá (Cuento)
  • Obras de Horacio Quiroga

  • 1901 - Los arrecifes de coral
  • 1904 - El crimen del otro
  • 1905 - Los perseguidos
  • 1908 - Historia de un amor turbio
  • 1917 - Cuentos de amor, de locura y de muerte
  • 1918 - Cuentos de la selva
  • 1920 - El salvaje
  • 1920 - Las sacrificadas
  • 1921 - Anaconda
  • 1924 - El desierto
  • 1925 - La gallina degollada y otros cuentos
  • 1926 - Los desterrados
  • 1929 - Pasado amor
  • 1935 - Más allá
  • Un día como hoy en 1844 nace Anatole France

    16 de abril de 1844

    Nace Anatole France
    Anatole France es el seudónimo de Jacques Anatole François Thibault, novelista y premio Nobel francés, considerado frecuentemente como el mejor escritor francés de finales del siglo XIX y principios del XX

    ¿Cuál es la obra de Umberto Eco que fue llevada al cine interpretada por Sean Connery, Christian Slater y Ron Perlman?

    María del Carmen Suárez

    María del Carmen Suárez

    Dos siglos de mujeres en las letras

    Dos siglos de mujeres en las letras

    Por Silvia Elena Vernengo Prack

    El poema de hoy

    Ceremonias

    Hubo un tiempo en que nos fijábamos en las hojas secas
    en el muro de ceniza y en la noche descalza
    y en la luna pálida de tantas destrucciones
    y así apostábamos a la melancolía
    inconscientes de que ése no era aún nuestro percance
    faltaban temporadas de sistemática pobreza
    laberintos privados y tristezas de medio pelo

    el calvario era ajeno y quedaba lejos
    el tamaño de la pena era tan módico como el deleite
    nuestros dientes de hambre y nuestras lenguas en celo
    funcionaban sin prisa pero funcionaban

    las primaveras se nos iban de entre las manos
    mirábamos el horizonte sin saber qué pedirle
    el crepúsculo se henchía de gallos azules
    y el aire era enigmático como un viejo sabihondo

    pero una madrugada forzaron las puertas
    nos allanaron el desván y la memoria
    decidieron por nosotros en mitad de la duda
    nos quitaron los fantasmas y los papeles
    levantaron un cepo de palabras
    y un corral de miedo donde abandonarnos

    nos suspendieron el derecho a la tibieza
    borraron los presagios con el odio
    nos despojaron de la lluvia verde
    y del silencio gratis y del amor cribado
    nos cortaron en dos con un hacha de invierno

    de ese modo tan turbio nos fue revelado
    que en realidad no habíamos trajinado por el tedio
    sino que éramos inadvertidamente felices
    no esplendorosa sino pasablemente ávidos
    de amparos lechos soledades perdones

    de ese modo tan impropio nos fue dicho
    que cualquier otro quebranto era menos que este azote
    y tuvieron que aparecer túneles y máscaras y trampas
    para que echáramos de menos el letargo cotidiano
    las venas de los árboles el caballo a contraluz

    ¿habremos aprendido el catecismo del rencor
    o la rabia se nos irá cayendo como escamas?
    ¿recordaremos siempre no olvidar
    o las franjas de inquina se nos irán pudriendo?
    ¿almacenaremos para nunca los aborrecimientos
    y los sacaremos de la troya a perdonazos?

    es claro que ni el rayo ni el rocío tienen prisa
    desahucios y bienvenidas esperan su turno
    por algo estamos listos para empezar desde cero
    y nadie se arrodilla sobre los pámpanos caídos

    vamos a merecer cada centímetro de augurio
    vamos a abrir caminos a los sobrevivientes
    sin guirnaldas pero con respuestas
    flamantes y accesibles
    vamos a reponer lo mucho que perdimos
    vamos a aprovechar lo poco que nos queda

    Mario Benedetti

    Geografías (1984)
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