En la otra puerta

El juego en que andamos

Juan Gelman

1959 - Poesía

Nueva Expresión

Textos para leer de El juego en que andamos

  • El juego en que andamos (Poema)
  • Obras de Juan Gelman

  • 1999 - Nueva prosa de prensa - (Periodístico)
  • 1997 - Debí decir te amo - (Antología)
  • 1997 - Prosa de prensa - (Periodístico)
  • 1986 - Composiciones - (Poesía)
  • 1983 - Eso - (Poesía)
  • 1983 - Dibaxu - (Poesía)
  • 1982 - Hacia el Sur - (Poesía)
  • 1980 - Hechos - (Poesía)
  • 1980 - Carta abierta - (Poesía)
  • 1980 - Si dulcemente - (Poesía)
  • 1980 - Bajo la lluvia ajena - (Prosa poética)
  • 1979 - Comentarios - (Poesía)
  • 1979 - Citas - (Poesía)
  • 1979 - Notas - (Poesía)
  • 1973 - Relaciones - (Poesía)
  • 1971 - Fábulas - (Poesía)
  • 1969 - Los poemas de Sidney West - (Poesía)
  • 1965 - Cólera Buey - (Poesía)
  • 1962 - Gotán - (Poesía)
  • 1961 - Velorio del solo - (Poesía)
  • 1959 - El juego en que andamos - (Poesía)
  • 1956 - Violín y otras cuestiones - (Poesía)
  • Poeta argentino, nacido en la provincia de Entre Ríos, autor de ''El agua y la noche'', ¿a quién nos referimos?

    Ricardo Piglia

    Ricardo Piglia

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    La Recoleta

    Convencidos de caducidad
    por tantas nobles certidumbres del polvo,
    nos demoramos y bajamos la voz
    entre las lentas filas de panteones,
    cuya retórica de sombra y de mármol
    promete o prefigura la deseable
    dignidad de haber muerto.

    Bellos son los sepulcros,
    el desnudo latín y las trabadas fechas fatales,
    la conjunción del mármol y de la flor
    y las plazuelas con frescura de patio
    y los muchos ayeres de a historia
    hoy detenida y única.

    Equivocamos esa paz con la muerte
    y creemos anhelar nuestro fin
    y anhelamos el sueño y la indiferencia.
    Vibrante en las espadas y en la pasión
    y dormida en la hiedra,
    sólo la vida existe.

    El espacio y el tiempo son normas suyas,
    son instrumentos mágicos del alma,
    y cuando ésta se apague,
    se apagarán con ella el espacio, el tiempo y la muerte,
    como al cesar la luz
    caduca el simulacro de los espejos
    que ya la tarde fue apagando.

    Sombra benigna de los árboles,
    viento con pájaros que sobre las ramas ondea,
    alma que se dispersa entre otras almas,
    fuera un milagro que alguna vez dejaran de ser,
    milagro incomprensible,
    aunque su imaginaria repetición
    infame con horror nuestros días.

    Estas cosas pensé en la Recoleta,
    en el lugar de mi ceniza.

    Jorge Luis Borges

    Fervor de Buenos Aires (1923)
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