En la otra puerta

Felices los niños

Felices los niños, de Patricia Bence Castilla

Patricia Bence Castilla

2013 - Cuentos

Ediciones Ruinas Circulares

La llamada edad dorada de la inocencia es, sino siempre, muy a menudo, una falacia, de allí la ironía del título de esta obra de Patricia Bence Castilla: Felices los Niños.

Dice la escritora, Liliana Díaz Mindurry, en el prólogo de este libro:

(...) Literatura es lenguaje en tensión como la infancia. Se acercan peligrosamente. Felices los niños, felices los infelices, es prueba de ello.
El poder extraño y perfecto de lo salvaje.

Esta obra cuya narrativa hacer recordar a la de la española Ana María Matute, es un libro colmado de paradojas que se van uniendo en metáforas que lastiman. No hay un final que no sea inesperado o trascendente en estos cuentos, donde, el inocente, el niño, es quien observa y trasmuta en sus muñecos, en sus títeres -alter ego-, no sólo la frustración que siente, sino también el dolor del que es objeto, por la ignorancia, la indiferencia del adulto.
En estos catorce relatos aparecen los párrafos que invitan a descubrir la trama, el parqué de la falacia del título Felices los niños: El incesto. El abandono. La marginación. El alcohol.

(...) Mi incoherencia se estaba volviendo mi enemiga, mostraba el revés, la desmesura, el caos, el cosmos que se desperdiga en mil fracciones frente a mi última inocencia (...) Pensé que lo mejor hubiese sido seguir durmiendo, hubiese sido mejor, porque cuando se duerme se está ajeno, no se tiene culpa. Las muertes que se tejen en los sueños no nos pertenecen. (...)
"El espejo"

Ese relato narrado en primera persona, detalla una muerte, un suicidio, tiene si bien un final, de alguna manera esperado, paradójicamente, también sorprende. La protagonista habla de un pasado de dolor y muerte, pero, sin embargo abre, a pesar de los trágicos recuerdos, una llama, una ranura, un deseo de vivir con la mirada puesta hacia delante.

Vivimos en una época donde muchas veces, para el niño, ya ni el religioso ni el maestro tienen significado, donde el estado ha dejado de asumir el rol que la sociedad le ha conferido, y en la que los padres tampoco parecen hacerse cargo -en todo caso, a los que les cabría mayor responsabilidad-. Esta negación no permite oír las voces infantiles que claman por ser escuchadas. Si la sociedad las oyera, se abocaría a la más noble de las tareas: custodiar su inocencia.

Para los niños de estos relatos, los adultos no son confiables, sino muy por el contrario, significan la amenaza, lo demoníaco, lo indecible.

 

Obras de Patricia Bence Castilla

  • 2019 - Juego de damas - (Novela)
  • 2018 - Instinto animal - (Poesía)
  • 2018 - Cuadernos de bitácora - (Poesía)
  • 2013 - Las 24hs de Elena - (Novela)
  • 2013 - Felices los niños - (Cuentos)
  • 2012 - Matices - (Poesía)
  • 2011 - El revés de las horas - (Poesía)
  • 2010 - Ahogar la sed - (Novela)
  • 2010 - Babel - (Poesía)
  • 2009 - Maldecir - (Poesía)
  • 2008 - Errar al blanco - (Novela)
  • Un día como hoy en 1811 se dicta el primer reglamento de libertad de imprenta en el Río de la Plata

    20 de abril de 1811 - Se dicta el primer reglamento de libertad de imprenta en el Río de la Plata

    ¿Con qué seudónimo firmó Cortázar su libro de poemas Presencia?

    Antonio Barnés Vázquez.

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    ''Gracias por todo el fuego'' Maestro Benedetti.

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    Por Miguel Longarini

    El poema de hoy

    Hierro

    Ganado tengo el pan: hágase el verso,—
    Y en su comercio dulce se ejercite
    La mano, que cual prófugo perdido
    Entre oscuras malezas, o quien lleva
    A rastra enorme peso, andaba ha poco
    Sumas hilando y revolviendo cifras.
    Bardo, ¿consejo quieres? Pues descuelga
    De la pálida espalda ensangrentada
    El arpa dívea, acalla los sollozos
    Que a tu garganta como mar en furia
    Se agolparán, y en la madera rica
    Taja plumillas de escritorio, y echa
    Las cuerdas rotas al movible viento.

    Oh alma! oh alma buena! mal oficio
    Tienes!: póstrate, calIa, cede, lame
    Manos de potentado, ensalza, excusa
    Defectos, tenlos —que es mejor manera
    De excusarlos—, y mansa y temerosa
    Vicios celebra, encumbra vanidades:
    Verás entonces, alma, cuál se trueca
    En plato de oro rico tu desnudo
    Plato de pobre!
    Pero guarda ¡oh alma!
    Que usan los hombres hoy oro empañado!
    Ni de eso cures, que fabrican de oro
    Sus joyas el bribón y el barbilindo:
    Las armas no,— las armas son de hierro!

    Mi mal es rudo; la ciudad lo encona;
    Lo alivia el campo inmenso: ¡otro más vasto
    Lo aliviará mejor! —Y las oscuras
    Tardes me atraen, cual si mi patria fuera
    La dilatada sombra. ¡Oh verso amigo:
    Muero de soledad, de amor me muero!

    No de vulgar amor: estos amores
    Envenenan y ofuscan: no es hermosa
    La fruta en la mujer, sino la estrella.
    La tierra ha de ser luz, y todo vivo
    Debe en torno de sí dar lumbre de astro.
    ¡Oh, estas damas de muestra! ¡oh, estas copas
    De carne! ¡oh, estas siervas, ante el dueño
    Que las enjoya o estremece echadas!
    ¡Te digo, oh verso, que los dientes duelen
    De comer de esta carne!

    Es de inefable
    Amor del que yo muero, del muy dulce
    Menester de llevar, como se lleva
    Un niño tierno en las cuidosas manos,
    Cuanto de bello y triste ven mis ojos.

    José Martí

    Versos Libres (1891)
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