Uno agradece este pequeño cuaderno de navegación porque es un diamante: una poesía despojada que, en su deseo de evitar el adorno, capta lo necesario y se llena de intensidad. Logra una mística que es balbuceo y, a la vez, desintegración. La violencia está en su aparente calma y en lo que esconde, además de ser una viva fidelidad a lo que es fundamento y esencia.
Liliana Díaz Mindurry
Hundo mis pies en este mar de fuego
Bajo las olas mi cuerpo mi alma
Aquí nadan peces del desierto
Aquí se le notan las costillas
Oigo voces vacías de vida
Alguien se habrá ahogado entre las llamas
Aquí el fuego no consuela
Sólo moja las heridas
Esta arena guarda secretos bajo el agua
Secretos del fuego que mendiga
Secretos del cuerpo y su fatiga
Hace tiempo que este cuerpo tiene fuego
Un sudor anidó en esta piel
Como ampollas que en la garganta hierven