Una obra de teatro y sus espectadores se entremezclan en el fluir de estas páginas, borrando los límites entre la ficción y la realidad. El diálogo de sordos que despliegan, y que atraviesa el entramado de sus historias como un sinsentido único -el revés del tapiz- es una coordenada de época en un mundo que se tambalea al borde del colapso sin saberlo.