En la otra puerta

Asimismo, todo aquello

Asimismo, todo aquello, de Rodrigo Illescas

Rodrigo Illescas

2007 - Poesía

Vinciguerra

En el libro conviven 39 poemas, que evidencian la vida del ser contemporáneo. Se identifica un solo motivo: el misterio del hombre frente a la vida y la muerte. “Asimismo, todo aquello”, nació gracias a la pasión del autor por observar el mundo en su totalidad sin dejar de detenerse en las pequeñas cosas. Participaron de la obra Alfredo de Cicco y Ester de Izaguirre.

El poemario se divide en tres apartados, que componen un camino de tonos e imágenes construido en base a los temas que hacen al individuo desde su niñez hasta que se convierte en hombre. Ese niño que pregunta con inocencia y se asombra, luego continúa preguntando y asombrándose sobre cuestiones más profundas acerca del mundo.

El poeta evoca la realidad desde una perspectiva surrealista y utiliza diversas técnicas poéticas. No consuela al lector ni le propone soluciones, le habla de igual a igual y crea un compromiso entre éste y la realidad.

“Rodrigo Illescas demuestra en su poesía una sobriedad formal y lúcida actividad filosófica, donde hay un tono lineal acorde con una actividad contemplativa y reflexiva. Hay a veces un cierto pesimismo que rápidamente se decanta por una feliz impremeditación.” A su vez, recompone la profundidad de estos temas con un tono sencillo y personal. Illescas no deja de preguntar, no evita las dudas existenciales.

Textos para leer de Asimismo, todo aquello

  • Como todo aquello (Poesía)
  • Herencia de humanidad (Poesía)
  • Obras de Rodrigo Illescas

  • 2007 - Asimismo, todo aquello - (Poesía)
  • Si mencionamos la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, ¿a uno de los capítulos de qué célebre obra nos estamos refiriendo?

    Teuco Castilla

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    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    La vuelta

    Al cabo de los años del destierro
    volví a la casa de mi infancia
    y todavía me es ajeno su ámbito.

    mis manos han tocado los árboles
    como quien acaricia a alguien que duerme
    y he repetido antiguos caminos
    como si recobrara un verso olvidado
    y vi al desparramarse la tarde
    la frágil luna nueva
    que se arrimó al amparo sombrío
    de la palmera de hojas altas,
    como a su nido el pájaro.

    ¡Qué caterva de cielos
    abarcará entre sus paredes el patio,
    cuánto heroico poniente
    militará en la hondura de la calle
    y cuánta quebradiza luna nueva
    infundirá al jardín su ternura,
    antes que vuelva a reconocerme la casa
    y de nuevo sea un hábito!

    Jorge Luis Borges

    Fervor de Buenos Aires (1923)
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