En la otra puerta

Fútbol argentino

Fútbol argentino, de Osvaldo Bayer

Osvaldo Bayer

1990 - Ensayo

Editorial Sudamericana

Osvaldo Bayer ha iluminado como pocos el conocimiento de la historia de los argentinos.Su obra rigurosa, dedicada a los episodios más dolorosos y ocultos de este siglo, ha sacudido como ninguna después de las investigaciones de Saldías:sus cuatro volúmenes sobre el movimiento libertario de la Patagonia, ahogado en sangre en 1921, sacudieron a la cautelosa historiografía argentina y forman uno de los pocos clásicos con que cuenta el estudio de la historia. Aunque parezca extraño, esas mismas preocupaciones están presentes en fútbol argentino de Bayer, esa pasión de inocente apariencia.Aquí está casi todo lo que se sabe sobre fútbol y sus momentos inolvidables.El historiador entra en la cancha y juega con ellos, revive su infancia, sus caminatas de los domingos, la revista Alumni y el gusto de la garrapiñada.
"Este libro fue la base del film del mismo nombre pero el texto (comprometido, apasionado) va más allá en el análisis de los hechos que marcaron para siempre al país.Hacía falta un buen libro sobre el fútbol argentino y acá está, por fin" (del prólogo de Osvaldo Soriano)

Obras de Osvaldo Bayer

  • 2001 - Rainer y Minou - (Novela)
  • 1999 - En camino al paraíso - (Ensayo)
  • 1993 - Rebeldía y esperanza - (Ensayo)
  • 1990 - Fútbol argentino - (Ensayo)
  • 1984 - Exilio - (Ensayo)
  • 1975 - Los anarquistas expropiadores y otros ensayos - (Ensayo)
  • 1975 - La Patagonia rebelde (tomo IV) - (Ensayo)
  • 1974 - La Patagonia rebelde - (Ensayo)
  • 1972 - La Patagonia rebelde (tomos I y II) - (Ensayo)
  • 1970 - Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia - (Ensayo)
  • Un día como hoy en 1875 nace Thomas Mann

    6 de junio de 1875 - Nace Thomas Mann

    ¿Quién es el autor del poema ''Intervalo doloroso''?

    Manuel Lozano

    Manuel Lozano

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Sonetos corporales

    1

    Lloraba recio, golpeando, oscuro,
    las humanas paredes sin salida.
    Para marcarlo de una sacudida,
    lo esperaba la luz fuera del muro.
    Grito en la entraña que lo hincó, futuro,
    desventuradamente y resistida
    por la misma cerdada, abierta herida
    que ha de exponerlo al primer golpe duro.
    ¡Qué desconsolación y qué ventura!
    Monstruo batido en sangre, descuajado
    de la cueva carnal del sufrimiento.
    Mama la luz y agótala, criatura,
    tabícala en tu ser iluminado,
    que mamas con la leche el pensamiento.

    2

    Asombro de la estrella ante el destello
    de su cardada lumbre en alborozo.
    Sueña el melocotón en que su bozo
    al aire pueda amanecer cabello.
    Atónito el limón y agriado el cuello,
    sufre en la greña del membrillo mozo,
    y no hay para la rosa mayor gozo
    que ver sus piernas de espinado vello.
    Ensombrecida entre las lajas, triste
    de sufrirlas tan duras y tan solas,
    lisas para el desnudo de sus manos,
    ante el crinado mar que las embiste,
    mira la adolescente por las olas
    poblársele las ingles de vilanos.

    3

    Huele a sangre mezclada con espliego,
    venida entre un olor de resplandores.
    A sangre huelen las quemadas flores
    y a súbito ciprés de sangre el fuego.
    Del aire baja un repentino riego
    de astro y sangre resueltos en olores,
    y un tornado de aromas y colores
    al mundo deja por la sangre ciego.
    Fría y enferma y sin dormir y aullando,
    desatada la fiebre va saltando,
    como un temblor, por las terrazas solas.
    Coagulada la luna en la cornisa,
    mira la adolescente sin camisa
    poblársele las ingles de amapolas.

    4

    Un papel desvelado en su blancura.
    La hoja blanca de un álamo intachable.
    El revés de un jazmín insobornable.
    Una azucena virgen de escritura.
    El albo viso de una córnea pura.
    La piel del agua impúber e impecable.
    El dorso de una estrella invulnerable
    sobre lo opuesto a una paloma oscura.
    Lo blanco a lo más blanco desafía.
    Se asesinan de cal los carmesíes
    y el pelo rubio de la luz es cano.
    Nada se atreve a desdecir al día.
    Mas todo se me mancha de alhelíes
    por la movida nieve de una mano.

    5

    Nace en las ingles un calor callado,
    como un rumor de espuma silencioso.
    Su dura mimbre el tulipán precioso
    dobla sin agua, vivo y agotado.
    Crece en la sangre un desasosegado,
    urgente pensamiento belicoso.
    La exhausta flor perdida en su reposo
    rompe su sueño en la raíz mojado.
    Salta la tierra y de su entraña pierde
    savia, venero y alameda verde.
    Palpita, cruje, azota, empuja, estalla.
    La vida hiende vida en plena vida.
    Y aunque la muerte gane la partida,
    todo es un campo alegre de batalla.

    Rafael Alberti

    Entre el clavel y la espada (1941)
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