Con Persuasión de los días (1942), Oliverio Girondo vuelve a cambiar el tono; ya no son los movimintos y las significaciones del sueño y la imaginación que se impone, sino un sentimiento de náusea. Las cosas pasan a segundo plano, como borradas por el rechazo cada vez más intenso de un mundo deformado por el mal. El título se hace admonitorio, pone énfasis en la dialéctica sombría del tiempo. Se ha pasado de un universo físico a un universo moral, de la geografía a la ética.
Cuando el cielo grita, los muertos callan
Y las hojas punzantes muestran sus venas como sables
Cuelgan de una rama como horcas vacías
La primera se atreve
Abre las alas y se entrega al viento
Sin aire cae
Sobre la tierra brota una necrópolis
Con panteones ocres y tumbas amarillas
Un tardío haz de luz les ofrece la última belleza
Bajo la tierra no hay sombra