Con Persuasión de los días (1942), Oliverio Girondo vuelve a cambiar el tono; ya no son los movimintos y las significaciones del sueño y la imaginación que se impone, sino un sentimiento de náusea. Las cosas pasan a segundo plano, como borradas por el rechazo cada vez más intenso de un mundo deformado por el mal. El título se hace admonitorio, pone énfasis en la dialéctica sombría del tiempo. Se ha pasado de un universo físico a un universo moral, de la geografía a la ética.
No es el tiempo la distancia
el hueco invisible
el labio en la sal
el error en los ojos
No es la falta en recorrerla
la voz tras puñal
el despertar solitario
la mañana a las seis
No es espejo la mentira
el coral de los ojos
la ruta de las manos
la madera diurna
No es el aire ni las hojas
ni el sol, nudo del cuello
ni la arena ni la historia
ni la cuerda ni el silencio
No es lo lento de una tarde
que jamás llegará a tiempo
ni desnudará la daga
la memoria de un reloj urgente
cuando las tablas vuelquen noches
y una historia se descuelgue
con la marca de una soga
con el único color
de los amores muertos