A Osadía Literaria la integran diversos tipos de cuentos:
El realista, en su formato epistolar, con un lenguaje ávido en adjetivos y comparaciones.
El tormento de Medusa, a modo Borgeano, es un monólogo interior en la adaptación mitológica de Dédalo y nos lleva a conocer la característica de la Medusa con un sorprendente final.
Lo fantástico surge como una constante. Así, dentro de una realidad cotidiana, algo extraño que no puede resolverse por la razón, la irrumpe. Por ejemplo, Roberto que está de viaje rumbo a Valle Seco, se detiene en una estación y allí le ocurren cosas extrañas que parecerían producto de un sueño…
Con Infierno Acuático llegamos a la metamorfosis, a modo Kafkiano. El cuerpo de Martín se transforma inexplicablemente en un pez.
Con Landa hay una aproximación a un cuento de ciencia ficción que plantea otro mundo, con un planeta diferente y posible.
Lo fantástico vuelve con Sortilegio, historia de amor que podríamos decir que posee un cierto adelanto a la época actual ante el escenario virtual en el que está enmarcada.
Párrafo aparte merecen las tres figuras que desde el lejano oriente donde se arremolina y ruge el viento, se acercan a la ciudad para brindarle Mágicos latidos a Luis y así se lo dice a su padre: “(…) de pronto algo me interrumpió el sueño, como suaves latidos que querían acariciarme (…)”
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