En la otra puerta

El tallo de la memoria

El tallo de la memoria, de Francisco Squeo Acuña

Francisco Squeo Acuña

2004 - Poesía

Alberto Verdaguer Editor

Con los "sentidos desarreglados", como Rimbaud quería, con la brújula desorientada por el cielo, este poeta arrojó su poesía entre nosotros para hacernos sentir las radiaciones del dolor solitario, la congoja quemante de sus entrañas, la desolación que posee un poeta entre los hombres.

Le abrimos la ventana de la casa, como a un viento cansado.
No es este un grito dichoso y esperanzado, no, es ni más ni menos que la enrevesada congoja de un hombre dolorido y desolado que arroja entre los hombres su carcajada sombría, con la simulación de una sonrisa dichosa.

Elvio Romero

Obras de Francisco Squeo Acuña

  • 2004 - El tallo de la memoria - (Poesía)
  • ¿Quién es la autora del cuento ''La cena''?

    Héctor Tizón

    Héctor Tizón

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    El viajero

    Está en la sala familiar, sombría,
    y entre nosotros, el querido hermano
    que en el sueño infantil de un claro día
    vimos partir hacia un país lejano.

    Hoy tiene ya las sienes plateadas,
    un gris mechón sobre la angosta frente;
    y la fría inquietud de sus miradas
    revela un alma casi toda ausente.

    Deshójanse las copas otoñales
    del parque mustio y viejo.
    La tarde, tras los húmedos cristales,
    se pinta, y en el fondo del espejo.

    El rostro del hermano se ilumina
    suavemente. ¿Floridos desengaños
    dorados por la tarde que declina?
    ¿Ansias de vida nueva en nuevos años?

    ¿Lamentará la juventud perdida?
    Lejos quedó —la pobre loba— muerta.
    ¿La blanca juventud nunca vivida
    teme, que ha de cantar ante su puerta?

    ¿Sonríe al sol de oro
    de la tierra de un sueño no encontrada;
    y ve su nave hender el mar sonoro,
    de viento y luz la blanca vela hinchada?

    Él ha visto las hojas otoñales,
    amarillas, rodar, las olorosas
    ramas del eucalipto, los rosales
    que enseñan otra vez sus blancas rosas.

    Y este dolor que añora o desconfía
    el temblor de una lágrima reprime,
    y un resto de viril hipocresía
    en el semblante pálido se imprime.

    Serio retrato en la pared clarea
    todavía. Nosotros divagamos.
    En la tristeza del hogar golpea
    el tic-tac del reloj. Todos callamos.

    Antonio Machado

    Soledades, galerías y otros poemas (1907)
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