"En la hermosa Verona, donde acaecieron estos amores,
dos familias rivales igualmente nobles habían derramado,
por sus odios mutuos inculpada sangre.
Sus inocentes hijos pagaron la pena de estos rencores,
que trajeron su muerte y el fin de su triste amor."
William Shakespeare
Morir, amar... y todavía más
El elixir surtió efecto. La catalepsia confundió a mis familiares. Ahora he despertado en la cripta familiar, lúgubre lugar, donde espero hace dos días a mi amado. Mi túnica se adhiere al suelo ríspido mientras en mi mente y mi corazón todavía reinan los ecos de los suspiros de amor y ansiedad de noches pasadas cuando consumamos nuestro matrimonio.
Me deslizo silenciosamente; el eco del trajinar de guardias y criados me guía por pasadizos laberínticos, mi falda se enrosca en mis piernas o se adosa a las salientes de las paredes pedregosas.
Finalmente llego agitada al lugar donde Fray Lorenzo me indicó que me encontraría con mi amado. Continúan las voces, los gritos estridentes, el batir de las espadas... sospecho una desgracia, algo terrible.
Corro trémula de pánico, me cubro el rostro y sin aliento llego al escenario donde se desarrollan los acontecimientos; presto atención y en medio del fragor de la lucha escucho que mi enamorado está muerto.
Todos contra todos buscan desquitarse.
Retrocedo con pasos débiles mientras lágrimas como lanzas surcan mi rostro.
-¡Oh no! no puede ser, ¿mi esposo muerto?, si todo fue un plan finamente elaborado. ¿Qué voy a hacer sin él? Buscaré el puñal que escondí en mi féretro...
Luces erráticas, pasos rápidos que resuenan cada vez más cerca. ¿Quién viene? ¿Quién puede saber de este lugar? Su figura me resulta conocida, ¡sí, sí! ¡Es el paje, el criado de mi amado!
- ¡Paje, paje! Balbuceo consumida por la ansiedad.
- Escucho una voz que me convoca ¿Quién me nombra en un susurro?
- Soy yo, Julieta
- ¿Julieta? Ánima bendita...¿no estabas mu...?
- Escondida, muy escondida. Fue sólo una farsa para engañar a mi padre.
- Mi amo te buscó infructuosamente y al enterarse de tu muerte partió rápidamente hacia tu tumba para despedirse
- Volvamos entonces.
- ¿Adónde vamos?
- A la cripta. Espero recordar cómo volver.
Tomados fuertemente de la mano, atravesando la gran oscuridad, sorteando escollos, caminamos, caminamos... sin encontrar el camino correcto.
Resignados y exhaustos decidimos abandonarnos a nuestra suerte.
Un quedo rumor se escucha a nuestras espaldas, es una vertiente de agua. Un laud suena cada vez más cercano, nos acercamos sigilosamente y allí...
- ¡Romeo!
- ¡Julieta!
- Te creí muerta, que era el fin.
- Yo también entendí que habías muerto.
- No, fue sólo una confusión al batirme a duelo con Paris.
- ¿Y tú?
- Una ardid que tramó Fray Lorenzo.
- El amor es invencible; vamos Julieta, está todo preparado para nuestra huída.
- Sí amor, a tu lado no tengo inquietudes, sólo sosiego.
- ¡¡¡Vamos, vamos!!! Tengo los corceles preparados, salgamos de aquí, iniciemos una nueva vida, cantemos alabanzas a esta pasión.
- ¿Y yo? - Con voz compungida, preguntó el paje.
La risa al unísono de los enamorados aleteó en el ambiente.
- ¿Tú? Tú te vienes con nosotros.