En la otra puerta

La indulgencia del talismán (fragmentos)

María Elena Disandro


(...) Ensimismada en la observación de este animalario fantástico experimentó, de pronto, como aguijones en su nuca al mismo tiempo que una oleada de calor se deslizaba en sus piernas hasta el cuello, un ahogo le oprimía el pecho y un estremecimiento recorría su espalda hasta el coxis. Otra vez la ambivalencia: torbellino frío y ráfaga caliente. (...)

(...) Muy despacio giró algo más de noventa grados la cabeza y... lo vio acercarse: alto, moreno, con raros ojos verdes, rasgos puntuales, definidos, con una belleza apolínea que parecía no tener edad, la mirada penetrante y fija en ella, su cabello con cierto dejo de arrogancia, su jean ajustado que marcaba su sexo, la remera destacando sus bíceps y ese andar cansino pero seguro. Sin un gesto ni una seña avanzaron quedando tan cerca que sus alientos se confundían (...)


(...) Se entendían y conocían, en ese aspecto, hasta en el más mínimo detalle; su cópula no sólo era satisfactoria sino armoniosa, parecían siameses unidos por la transpiración pegajosa. Se fundieron en un loco y fogoso vaivén. (...)


(...) Nidhogg paladea su logro. Ha hecho que una simple y mortecina luz que descansa sobre el altar se convierta en el mismo infierno. (...)
"Tus artimañas no podrán invadir el terreno de los humanos, yo impondré mi ley (...) Así Norns amonesta a la serpiente. (...)


(...) La serpiente se desliza, imitando el movimiento de las olas, por las ramas de los árboles. Upsala, a pesar de la sombra que se extiende como un manto ante la caída del sol, se abre en toda su majestuosidad. Cerca de la fuente sagrada el culto va a comenzar sacrificando a seres humanos. Nidhogg se mueve impaciente; Norns mira a su alrededor. Con los últimos rayos, se desprende de ella e ingresa al templo. Por entre los altares en honor a los dioses aparece Godar, un sacerdote-jefe al servicio de ellos.
- Buen espíritu, ¿quién te envía?
- El espíritu del bien me conduce hasta aquí porque...(...)


(...)- Sabe que estuve con alguien, cosa que negué pero reconoció el perfume.
- No es exclusivo mío.
- Pero me dijo que el aroma le era familiar, que alguien cercano a nuestro núcleo lo usaba.
- ¿Qué más?
- Me emborraché, me enfurecí y la sometí por la fuerza.
Se desdibujó del rostro de Juana la sonrisa que hasta ese momento mostrara
para dar paso a una sonora carcajada aturdiendo aún más a Leo. (...)



(...)El sonar del portero eléctrico la sacó de su abstracción, de su ¿alucinación?
El ascensor, los pasos, esa fragancia tan personal; abrió la puerta, se unieron en un abrazo, se miraron embelesados, brotaron las caricias apasionadas, se encendió la hoguera que los consumía siempre que sus cuerpos se encontraban. Creció la apetencia, el deseo, no llegaron a la cama, ahí nomás sobre el piso alfombrado vivieron nuevamente su aventura sexual con esa sensación poderosa que tanto disfrutaban, casi promiscua.
Cada movimiento les aceleraba el ritmo del pulso, provocándoles el jadeo incesante de la respiración.


La Indulgencia del talismán (2009)

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